|
LOCURA POÉTICA , recibe las
letras Chilenas de una gran poeta y persona , poeta comprometidas con la vida y
el amor , busca siempre desde sus textos un mundo mejor . ¡
Bienvenida ! MARIA
CRISTINA ALIAGA LUNA ¡
muchas gracias por estar en esta casa ! Marcelo
Romano
Los hijos de la calle
Ingenuos, solitarios caminan por la vida
y en sus desnudos hombros llevan sin saberlo
el peso invisible de pan, gavillas e incienso
que jamás conocieron.
Y en la escasez de amores de la calle
van derramando quebradas tristezas
que se clavan en sus frágiles hombros
como dagas, como afilados cuchillos de soledad.
Son los niños de la calle, son los brotes inmaduros
de esos besos y esas vidas rotas que un día
Hombre y Mujer juraron compartir y que hoy,
vagan como sombras silenciosas acorralados por la soledad
en las calles heladas donde vacían sus miradas de auxilio.
Hay mucha gente que en las aceras vomita su indiferencia
para no involucrarse en este flagelo que nos muerde
por los cuatro puntos cardinales.
Y ellos en la inocencia blanca de sus ojos de uva
asisten al macabro espectáculo del egoísmo humano.
Y se nos van de las manos y del alma y se consumen
como antorchas dantescas de nuestro propio desamor.
Y van por las riberas de la vida con el alma en ristre
cansados de vagar en soledad y se hacen hombres en las caletas
allí donde muere la infancia y en la oscura noche hambrienta
mastican a solas el amargo llanto que nadie ve y que nadie siente
y desde el fondo de su alma, huérfana les nace
su propia guerra interior que los consume.
Son los niños que nacieron de vientre ajeno pero llevan estampados en sus
pupilas
los ojos y la inocencia de nuestros propios hijos.
Y ni siquiera por eso
lo que llamamos conciencia o corazón
se estremece al paso desvalido de sus desventuras
y en nosotros no existe ni el granito de arena ni siquiera de mostaza
porque la tierra que oscurece nuestra alma
no nos permite ver la enorme venda
de orgullo que se extiende a nuestro paso
como roja alfombra bajo la cual guardamos insensibles
nuestras propias culpas y “ para vivir en paz “
hacemos ojos ciegos a todo cuanto acontece con estos niños.
Son los HIJOS de la Calle, los mismos que pudieron pensar un día
que los sueños son como pájaros que se escapan de las manos
y que sin darse cuenta una tarde prematura de años infantiles
baten alas y como campanas tocando a retiro, mueren
abandonados de todos, en la misma calle que un día silenciosa
anidó miles de ilusiones que se ahogaron en el maldito
y frío tráfago citadino de este bello país tan lleno
de ejemplares e ilustres ciudadanos..
  
Un Ángel de Fuego
(Para Lía y sus pequeños demonios)
Como el vino que tiende
Demonios y presagios en la carne viva,
Como los oscuros callejones de la noche
Que recorrió a solas sin más compañía
Que su sombra y sus pequeños demonios
Como la lucha infinita de la sangre y la carne
Intentando demoler sin misericordias
Su castillo medieval-intocable siempre-
Como los laberintos rosas que desfilaban
En el interior de su sangre enardecida.
Así era.
Era ella, una extirpe en extinción,
Llena de silencios, batallas y ajenos tiempos
Esos que corroían la infinita memoria de su "desvida"
En un aletear despiadado y asfixiante
Como la última pasión que de noche nace.
Así era ella en esos tiempos blancos
E iba olfateando con su perfecto índice nasal
Todas las luces violetas que nacen en las madrugadas.
Yo... la recuerdo siempreviva, bálsamo, fiera-mujer
Gota cristalina de agua cayendo por la garganta
Que a minutos se anudaba callada en penas nunca dichas.
Así era aquella noche
En que el viento barrió hasta las estrellas
Y el dolor de las inmóviles carnes
Eran fantasmas de luces encendiendo
Y apagando estrellas callejeras.
Así la recuerdo.
Con los pies desnudos sobre la fría nieve
Y con esa llamarada de fuego curiosa
Que nacía desde sus ojos mansos.
Y bajo el azul y polvoriento espejo de la noche
Plegó sus alas, guardó sus miserias
Enarboló su propia banderas,
Maldijo con cruces negras y rojas
A cuanto santo o demonio
Se le cruzó por el camino,
Vomitó las agonías candentes
Y se deslizó calladamente por la vida
Para transformarse en un guerrero,
En un ángel de fuego, en un beso apagado,
Justamente, cuando los árboles se desnudaron
Y dejaron caer sus besos amarillos
En la alfombra plomiza de la tarde.
  
UN NOMBRE
Hoy, el deseo
asomó a mi cuerpo
y ronroneó cauteloso
en los ángulos de mis suspiros.
Sin que me diera cuenta
se vistió
De cristales
De estrellas
Y de tierra.
Hoy, lo sorprendí
agazapado,
reptando por entre las venas
y tenía como la tarde fresca
el aroma penetrante
de bananos y ciruelos.
Cuando lo atrapé
estalló en mi interior
en un torbellino
de sudor, grito y fulgor.
Hoy, el deseo
tenía sólo un nombre...
  
Mi propia tormenta
Para mi hija Ángela
¿Viste ayer, como del cielo caían en cascadas silenciosas,
gotas, miles de gotas azules?
Era un hermoso río de frescura que lavaba
la amarga miel de nuestras bocas sedientas.
Y me dices que no, que no las viste.
Y no comprendo y no entiendo...
Cómo no sentiste en tus huesos temblar,
las lluvias inmensas de ternura,
que traían en su viaje?
¿Cómo no te tocaron las plumas tibias,
de las gaviotas que bebieron
las azules gotas, del encuentro?
¿Cómo no sentiste en el costado,
la sombra sutil de las estrellas,
que salían a tu paso.?
¿Cómo no viste miles de constelaciones
que bailaban en el manto oscuro de la noche?
¿Cómo no sentiste la extensa y lejana energía
que venía galopando ansiedades?
¡ Ay... !
¿Cómo no pudiste captar el lento camino de Venus
que te susurraba con mi callada voz?
¿Cómo, cómo... cómo tus ojos mansos,
fueron tan ciegos a los rojos dardos de Mercurio
y al verde espera de Saturno?
¡ Ay, cómo, cómo... !
¿No viste mi corazón de luto y mi faz sombría?
¿Cómo no captaste mi pequeña y gran tormenta
y los destellos grises del olvido?
Y yo... era ayer, cuando las gotas caían.
Timbal, ánfora, sándalo, aguas lluvias
y eras tú, el pan fragante, la boca y el verbo
y cuando tu alma de vagabundo acarició
el pájaro herido de mi alma,
la piel, el polvo, la luz y el trigo...
Y el caballo escarlata, que cabalgaba en mi corazón,
quebraron placeres, misterios, navíos,
rompieron olas, besaron nardos, subieron riscos
y cuando tus pupilas no quisieron ver...
las azules gotas que de mi espíritu caían
me fui en lontananzas, cantando tu nombre,
repitiendo sueños y enjugando con mis pálidas manos
esas quiméricas ideas de ser para ti...
Única Estrella, Cúmulo, Nimbo o
el inquieto y despeinado Cirro
y sin darme cuenta me ahogué en mis propias tormentas
porque ya cansada de esperarte, me dormí,
serenamente en el eclipse voraz de tus ojos.
María Cristina Aliaga Luna
http://usuarios.lycos.es/mcal7/
Curicó.Chile
  
Portugués: Rosenna
OS FILHOS DA RUA
Ingênuos, solitários caminham pela vida
e nos seus desnudos ombros levam sem sabê-lo
o peso invisível do pão, quadrilhas e inciênso
que jamais conheceram.
E na escassez de amores da rua
vão derramando quebradas tristezas
que cravam-se nos seus frágeis ombros
como adagas, como afiladas faças de solidão.
São os meninos da rua, são os brotos imaduros
de esses beijos e essas vidas rompidas que um dia
Homem e Mulher juraram compartilhar e que hoje,
vagam como sombras silenciosas encurraladas pela solidão
nas ruas geladas onde esvaziam seus olhares de auxilio.
Há muita gente que nas calçadas vomita sua indiferença
para não se involucrar neste flagelo que nos morde
pelos quatro pontos cardinais.
E eles na inocência branca dos seus olhos de uva
assistem ao macabro espetáculo do egoísmo humano.
E se nos vão das mãos e da alma e consumem-se
como tochas dantescas de nosso próprio desamor.
E vão pelas ribeiras da vida com a alma em riste
cansados de vagar em solidão e se fazem hombres nos barcos
alí onde morre a infância e na escura noite faminta
mastigam sozinhos o amargo pranto que ninguém ve e que ninguém sente
e desde o fundo de sua alma, órfãa lhes nasce
sua própria guerra interior que os consome.
São os meninos que nasceram de ventre alheio mas levam estampados nas suas
pupilas
os olhos e a inocência de nossos próprios filhos.
E nem sequer por isso
o que chamamos consciência ou coração
estremece-se ao paso desvalido de suas desventuras
e em nós não existe nem o granito de areia nem sequer de mostarda
porque a terra que escurece nossa alma
não nos permite olhar o enorme vandagem
de orgulho que se estende ao nosso paso
como alfombra vermelha sob a qual guardamos insensíveis
nossas próprias culpas e “ para viver em paz “
fazemos olhos cegos a todo quanto acontece com estas crianças.
São os FILHOS da Rua, os mesmos que puderam pensar um dia
que os sonhos são como pássaros que se escapan das mãos
e que sem dar-se conta uma tarde prematura de anos infantis
batem asas e como sinos tocando a retiro, morrem
abandonados de tudos, na mesma rua que um dia silenciosa
aninhou millares de ilusões que afogaram-se no maldito
e frio tráfego citadino deste belo país tão cheio
de exemplares e ilustres cidadãos..
  
Um Anjo de Fogo
(Para Lía e seus pequenos demônios)
Como o vinho que tende
Demônios e pressagios na carne viva,
Como os escuros becos da noite
Que percorreu só sem mais companhia
Que sua sombra e seus pequenos demônios
Como a luta infinita da sangue e a carne
Tentando demolir sem misericórdias
Seu castelo medieval intocável sempre
Como os labirintos rosas que desfilavam
No interior de sua sangue arrebatada.
Assim era.
Era ela, uma extirpe em extinção,
Cheia de silêncios, batalhas e alheios tempos
Esses que corroeram a infinita memória da sua "desvida" (sem vida)
Num adejar despiedado e asfixiante
Como a última paixão que de noite nasce.
Assim era ela nestes tempos brancos
E ia farejando com seu perfeito índice nasal
Todas as luzes violetas que nascem nas madrugadas.
Eu... a recordo sempre-viva, bálsamo, fera mulher
Gota cristalina d' água caindo pela garganta
Que a minutos amarrava-se calada em penas jamais ditas.
Assim era aquela noite
Em que o vento varreu até as estrelas
E a dor das imóveis carnes
Eram fantasmas de luzes acendendo
E apagando estrelas rueiras.
Assim a recordo.
Com os pés desnudos em cima da fria neve
E com essa labareda de fogo curiosa
Que nascia desde seus olhos mansos.
E sob o azul e empoeirado espelho da noite
Dobrou suas asas, guardou suas misérias
Hasteou sua própria bandeira,
Maldisse com cruzes negras e vermelhas
A quanto santo ou demônio
Se lhe cruzou pelo caminho,
Vomitou as agonias candentes
E deslizou-se caladamente pela vida
Para se transformar em um guerreiro,
Num anjo de fogo, num beijo apagado,
Justamente, quando as árvores desnudaram-se
E deixaram cair seus beijos amarelos.
Na alfombra cinzenta da tarde.
  
UM NOME
Hoje, o desejo
asomou ao meu corpo
e ronronou cauteloso
nos ângulos de meus suspiros.
Sem que me desse conta
vestiu-se
De cristais
De estrelas
E de terra.
Hoje, o surpreendi
acaçapado,
reptando por entre as veias
e tinha como a tarde fresca
o cheiro penetrante
de plátanos e ameixeiras.
Quando o apanhei
estalou no meu interior
num remoinho
de suor, grito e fulgor.
Hoje, o desejo
tinha só um nome...
  
MINHA PRÓPRIA TORMENTA
Para minha filha Ángela
Viste ontem, como do céu caíam em cascatas silenciosas,
gotas, milhares de gotas azuis?
Era um formoso rio de frescura que lavava
a amarga mel de nossas bocas sedentas.
E me dizes que não, que não as viste.
E não compreendo e não entendo...
Como não sentis-te em teus ossos tremer,
as chuvas imensas de ternura,
que traziam em sua viagem?
Como não te tocaram as plumas mornas,
das gaivotas que beberam
as azuis gotas, do encontro?
Como não sentis-te no costado,
a sombra sutil das estrelas,
que saiam ao teu passo.?
Como não viste milhares de constelações
que bailavam no manto escuro da noite?
Como não sentis-te a extensa e distante energía
que vinha galopando ansiedades?
Ai...!
Como não pudeste captar o lento caminho de Venus
que the sussurrava com minha calada voz?
Como, como... como teus olhos mansos,
foram tão cegos aos vermelhos dardos de Mercurio
e ao verde espera de Saturno?
Ai, como, como... !
Não viste meu coração de luto e minha face sombria?
Como não captaste minha pequena e grande tormenta
e os lampejos cinzas do esquecimento?
E eu... era ontem, quando as gotas caiam.
Timbal, ánfora, sândalo, águas chuvas
e eras tu, o pão fragrante, a boca e o verbo
e quando tua alma de vagabundo acariciou
o pássaro ferido de minh' alma,
a pele, o pó, a luz e o trigo...
E o cavalo escarlate, que cabalgava no meu coração,
quebraram prazeres, mistérios, navíos,
romperam ondas, beijaram nardos, subiram penhascos
e quando tuas pupilas não quiseram ver...
as azuis gotas que do meu espírito caiam
fui ao longe, cantando teu nome,
repetindo sonhos e enxugando com minhas pálidas mãos
essas quiméricas ideias de ser para ti...
Única Estrela, Cúmulo-nimbo ou
o inquieto e despenteado Cirro
e sem dar-me conta me afoguei em minhas próprias tormentas
porque já cansada de te esperar, eu dormi,
serenamente no eclipse voraz de teus olhos.
María Cristina Aliaga Luna
http://usuarios.lycos.es/mcal7/
Curicó.Chile
 
 
|