LOCURA POÉTICA vive día de fiesta , con la incorporación del amigo , gran poeta y declamador bilingue Paraguayo , que prestigia su presencia esta casa de letras .

¡ Bienvenido poeta !

Ramiro Nabuco Gómez

muchas gracias

Marcelo Romano

 

 

Jesús carpintero

Ramiro Nabuco Gómez

(paraguayo)

 

Dime, Jesús carpintero,

¿para qué niño hiciste la cuna?

que cantando la hiciste

cuando te enseñó tu padre José?

 

¡Quién tuvo la dicha de llevar

la mesa que hiciste Tú?

¡Cuentan que es olorosa

la madera aquella, Jesús!

 

También que hay una vieja cuna

en la Tierra Santa, que parece nueva,

en la que duermen querubes, que al tocarla,

despiertan cantando nanas celestiales.

 

Las sillas parecen todas afelpadas

llenas de estrellas siendo de madera,

que curan los males y quitan dolores.

¿Verdad que esas sillas las hiciste Tú?

 

¡Una mesa siempre con sepas maduras,

con panes fragantes, crocantes, sin levaduras,

con peces marinos, frescos, abundantes,

mesa milagrosa que hizo Jesús!

 

Ramiro Nabuco Gómez

 

 

 

Que no se olviden...

Ramiro Nabuco Gómez

(paraguayo)

 

Tus labios fueron hechos en el país de los claveles,

¡Ay!... si supieras amada mía lo que pienso;

embriagarme con el jugo de la fruta de tus labios,

con una celeste embriaguez que sólo hay en el cielo.

 

Tu gracia de eterna primavera, me chifla,

tu risa de júbilo perfumado me llama

a hundirme en el agua limpia de tu cuerpo,

para gozar la fruta de astros que persigo.

 

Se estremece mi vida ante tu presencia,

ante esa distinguida arrogancia que amo,

entre tu pelo una aurora canta su trino

y me va quemando el corazón con el deseo.

 

Que no se olviden tus labios que necesito su fuego,

que no se olviden tus pechos que necesito besarlos,

que no se olvide tu cuerpo, gentil cancionero,

que sin tenerlos, irremediablemente, me muero.

 

 

Ramiro Nabuco Gómez

 

 

 

Marchemos

Ramiro Nabuco Gómez

(paraguayo)

 

Marchemos amada, allá en lontananza

inquieta y triunfante la dicha te espera,

florezca en tus labios la dulce esperanza

y cante la alondra de mi primavera.

 

Repican ya al viento las áureas campanas

y el sol de la gloria dora las praderas,

rompamos la marcha tras cumbres lejanas

resueltos y altivos, amada, ya es hora.

 

Marchemos serenos y atrás el cobarde,

que es hora decidas lanzarte a mi lado,

vanal prejuicio que a tu lado llevas,

marchemos amada que acaso mañana sea tarde.

 

Sintamos en la sangre la azul llamarada.

Ávidas de intensas aventuras nuevas,

no es don de vulgares amar como amamos,

marchemos amada que no se haga tarde.

 

Ramiro Nabuco Gómez

 

 

 

Cada día

Ramiro Nabuco Gómez

(paraguayo)

 

Cada día serás una expresión nueva en mis palabras

que arranque un poema de mis labios,

cada día serás un cariño nuevo en mi amor

para arder en tu cuerpo con mis besos.

 

Cada día descansaré en la paz de tu mirada

después del fatigado esfuerzo del trabajo,

cada día serás del amor la sorpresa inesperada

que al despertarme vigorice mi lucha cotidiana.

 

Cada día serás la cumbre de la montaña

a la cual mis pasos deseosos llegarán,

serás la paz, la inquietud, la violencia,

la locura, el grito, la desesperación.

 

El ardor, la sangre, el fuego, el sueño,

el delirio, la savia, el calor, la armonía,

la dulzura, el beso, el suspirar y el embeleso.

Todo esto serás en mi vida y mucho más.

 

Ramiro Nabuco Gómez

 

 

 

Entrégame

Ramiro Nabuco Gómez

(paraguayo)

 

Del canto de la calandria tiene la gracia tu voz

que escucho en el murmullo de los árboles inquietos,

paraguaya campesina, en ti reposa la gracia

de la leyenda más tierna y del amor más travieso.

 

Tú, traes desde tu pueblo el sabor de la naranja,

en esa sonrisa plena que otra igual talvez no haya,

te brindo mi admiración que henchido de esperanza

llevo prendido en el pecho mi querida paraguaya.

 

Quiero vivir en tu pueblo pintado de mariposas

para sentir esa brisa que tú sientes en la frente,

para saciar la ansiedad que mi alma silenciosa

busca en un cielo lejano y tú la guardas dulcemente.

 

Entrégame el amor que llevas en la mirada,

con el cariño más suave lo sentiré tibiecito,

luego tendrás mi amparo al verte a mi brindada

y mucho más si me dices “te quiero”, muy despacito

Ramiro Nabuco Gómez