Amor
de
estío
Camino
despacio
entre
las
toscas.
Un
remolino
de
hojas
apuran
los
sonidos
y
quiero
estar
contigo.
Bajo
tu
cielo,
febrero,
se
mueven
incansables
árboles
de
mil
colores.
Selvática
tierra
mordida
por
el
tiempo.
Aromas
que
nacieron
hace
siglos.
Una
enorme
sombrilla
con
flores
rosadas,me
maravilla;
pinos
de
todas
especies;
eucaliptus
aromáticos
que
se
tuercen
ávidos
por
llegar
a mi
estío.
Si
estuvieras
aquí
sería
un
día
de
ocio
y
sosiego,
atravesando
el
sendero
oscuro,
de
arboleda
y
fresco.
Y te
amaría
en
ese
árbol
de
tronco
ancho
y
bondadoso.
Bajo
tu
cielo
celeste,
febrero,
un
picaflor
me
daría
un
beso.
También
me
darías
esa
flor
rosada
que
está
tan
alto,
mas
yo
la
quiero.
Como
te
quiero
amor
inalcanzable.
Un
tintineo
de
campanillas
azules,
festejan
la
magia
de
este
encuentro
como
en
los
cuentos.
Sueño
amor,
tan
lejano,
tan
intenso.
Sueño
que
vuelvo
a
esos
años
plenos,
para
ser
en
tu
juventud,
pétalo,
luna
en
tu
bolsillo,
lirios
blancos
donde
apoyes
tus
deseos.
Mi
amor
tuyo
en
el
estío.
¡Tú,
amor!
¡Mío!

Fugaz
Voy
a
dormir
un
sueño
prolongado.
Nunca
despertar,
nunca
más,
olvido...
Vacío
de
afectos
anhelante
mi
ser,
esperanza
estéril
aguardé
extraviada.
En
esta
alborada
mi
estrella
me
aguarda.
Seré
deslumbrante
un
instante
fugaz.

Sembrador
de
siglos
Cubierto
en
un
envase
de
siglos
está...
Sembró
generoso
peces
en
el
mar.
Sembró
en
las
nubes,
sembró
la
tierra,
con
sangre
pura
santificándonos.
No
juegues
hermano
con
lo
que
El
sembró.
No
borres
del
cielo
el
color
del
mar.
Hectáreas
de
bosques,
impenetrables
selvas,
fueron
arrasadas
por
necios
prebostes.
Quién
detendrá
el
viento,
quién
del
sol
protegerá,
quién
absorberá
en
su
seno,
la
masa
cuantiosa
del
río,
del
mar...
Somos
todos
pizcas
del
mismo
arenal.
Cuando
el
puño
se
cierre
el
caos
comenzará.
Temblando
el
planeta
sucumbirá.
La
naturaleza,
prodigio
divino,
nos
da a
manos
llenas
toda
su
bondad.
Sembrando
los
siglos
derramó
piedad.
A
todo
el
que
asuela
El
ha
de
juzgar.

Nostálgicos
pensamientos
Desnudo
mis
pensamientos
en
gotas
cálidas
de
un
sentimiento.
Invento
ojos
nuevos
para
mirar
lo
bello;
palabras
estreno
que
juegan
en
las
estrellas
y en
lo
ancho
de
este
cielo.
Me
juega
una
mala
pasada
la
duda
y el
desconsuelo.
Te
imagino
en
esas
noches
donde
el
amor
es
un
duelo,
si
te
escondes
del
dolor
más
frágil
será
tu
riesgo.
No
me
inventes,
no
me
quieras,
no
ves
el
impuro
infierno
donde
se
queman
mis
ojos
de
nostalgias
sin
consuelo.
Donde
el
cielo
es
sólo
cielo,
donde
el
silencio
es
un
trueno.
Visto
mis
pensamientos
De
sólo
tú
amor
mío,
recordando
tus
palabras,
tus
lirios
blancos
de
enero
y
las
nubes
de
tu
techo.
Mágico
mar
de
tus
sueños
que
torrentosos,
nadan
estallando
entre
las
rocas,
cansadas
de
tanto
ajetreo.
Desconsuelo
de
pensar
tus
manos
en
otro
cuerpo;
tocando
cosas
triviales,
bonitas;
una
mesa;
una
flor;
una
cadena
en
un
cuello.
Ese
desierto
donde
tu
cuerpo
reposa;
esa
música
robándome
tus
latidos;
libros
que
me
ignoran
con
tanto
palabrerío.
Mas
sé
que
en
algún
momento
las
mareas
de
tus
besos,
vuelan
en
tus
pensamientos
y se
aquietan
en
mi
boca...
¡Dulce
y
deseado
tormento!

Un
instante
Pasó
un
ángel.
Quietud,
silencio,
fue
un
instante.
Pasó
la
mariposa;
el
pétalo
cayó;
una
sombra,
un
eco
de
una
hoja
que
crujió.
La
gota
del
árbol
que
llora,
lloró;
una
luz,
último
suspiro
de
un
alma
subiendo.
Una
estrella
y un
deseo;
el
sabor
de
una
gota
salitrosa
de
mar,
que
ya
no
siento.
Un
instante...
Partícula
fugaz
de
la
grandiosidad
del
universo.
Ocaso;
alborada;
en
las
almas,
en
los
cuerpos.
¡Por
qué
nací
ese
instante!
¡Por
qué
lejano
está
mi
tiempo!
Por
qué
no
morí
en
ese
instante,
para
nacer
de
nuevo.
Por
qué
no
naciste
antes
y
viniste
a mi
encuentro,
pariendo
lirios...
Luz
de
amor
nuestro.
¿Qué
es
un
instante?
Lo
que
yo
deseo:
verte
y
morir
en
tus
labios
nuevos.
Matilde
Maisonnave
Argentina

português:
Rosenna
Amor
de
estío
Caminho
devagar
entre
as
pedras.
Um
remoinho
de
folhas
aceleram
os
sons
e
quero
estar
contigo.
Sob
teu
céu,
fevereiro,
movem-se
incansáveis
árvores
de
mil
cores.
Selvática
terra
mordida
pelo
tempo.
Aromas
que
nasceram
faz
séculos.
Uma
enorme
sombrinha
com
flores
rosadas,
maravilha-me;
pinheiros
de
todas
espécies;
eucaliptos
aromáticos
que
se
torcem
ávidos
por
chegar
a
meu
estio.
Se
estivesses
aqui
sería
um
dia
de
ócio
e
sossego,
atravesando
o
caminho
escuro,
do
arvoredo
e
fresco.
E te
amaria
nessa
árvore
de
tronco
largo
e
bondoso.
Sob
teu
céu
celeste,
fevereiro,
um
beija-flor
me
daria
um
beijo.
Também
me
darias
essa
flor
rosada
que
está
tão
alto,
mas
eu a
quero.
Como
te
quero
amor
inatingível.
Um
tilintar
de
campainhas
azuis,
festejam
a
magia
deste
encontro
como
nos
contos.
Sonho
amor,
tão
distante,
tão
intenso.
Sonho
que
volto
a
esses
anos
plenos,
para
ser
em
tua
juventude,
pétala,
lua
em
teu
bolso,
lírios
brancos
onde
apóies
teus
desejos.
Meu
amor
teu
no
estio.
Tu,
Amor!,
Meu!

Fugaz
Vou
dormir
um
sonho
prolongado.
Nunca
acordar,
nunca
mais,
esquecimento...
Esvaziamento
de
afetos
almejante
meu
ser,
esperança
estéril
aguardei
extraviada.
Nesta
alvorada
minha
estrela
me
aguarda.
Serei
deslumbrante
um
instante
fugaz.

Semeador
de
séculos
Coberto
num
envase
de
séculos
está...
Semeou
generoso
peixes
no
mar.
Semeou
nas
nuvens,
semeou
a
terra,
com
sangue
pura
santificándo-nos.
Não
jogues
irmão
com
o
que
Ele
semeou.
Não
apagues
do
céu
a
cor
do
mar.
Hectares
de
bosques,
impenetráveis
selvas,
foram
arrasadas
por
néscios
prebostes.
Quem
deterá
o
vento,
quem
do
sol
protegerá,
quem
absorverá
em
seu
seio,
a
massa
quantiosa
do
rio,
do
mar...
Somos
todos
pitadas
do
mesmo
areal.
Quando
o
punho
se
feche
o
caos
começará.
Tremendo
o
planeta
sucumbirá.
A
natureza,
prodígio
divino,
dá-nos
a
mãos
cheias
toda
sua
bondade.
Semeando
os
séculos
derramou
piedade.
A
todo
o
que
destrói
O
tem
de
julgar.

Nostálgicos
pensamentos
Desnudo
meus
pensamentos
em
gotas
cálidas
de
um
sentimento.
Invento
olhos
novos
para
olhar
o
belo;
palavras
estreio
que
jogam
nas
estrelas
e no
largo
deste
céu.
Joga-me
uma
má
passada
a
dúvida
e o
desconsolo.
Te
imagino
nessas
noites
onde
o
amor
é um
duelo,
se
te
escondes
da
dor
mais
frágil
será
teu
risco.
Não
me
inventes,
não
me
queiras,
não
vês
o
impuro
inferno
onde
se
queimam
meus
olhos
de
nostalgias
sem
consolo.
Onde
o
céu
é só
céu,
onde
o
silêncio
é um
trovão.
Visto
meus
pensamentos
Só
de
ti
amor
meu,
lembrando
tuas
palavras,
teus
lírios
brancos
de
janeiro
e as
nuvens
de
teu
teto.
Mágico
mar
de
teus
sonhos
que
torrentosos,
nadam
estourando
entre
as
rochas,
cansadas
de
tanta
afobação.
Desconsolo
de
pensar
tuas
mãos
em
outro
corpo;
tocando
coisas
triviais,
bonitas;
uma
mesa;
uma
flor;
uma
corrente
num
pescoço.
Esse
deserto
onde
teu
corpo
repousa;
essa
música
roubando-me
teu
pulsar;
livros
que
me
ignoram
com
tanto
palavreado.
Mas
sei
que
em
algum
momento
as
marés
de
teus
beijos,
voam
em
teus
pensamentos
e se
aquietam
na
minha
boca...
Doce
e
desejado
tormento!

Um
instante
Passou
um
anjo.
Quietude,
silêncio,
foi
um
instante.
Passou
a
borboleta;
a
pétala
caiu;
uma
sombra,
um
eco
duma
folha
que
rangeu.
A
gota
da
árvore
que
chora,
chorou;
uma
luz,
último
suspiro
duma
alma
subindo.
Uma
estrela
e um
desejo;
o
sabor
duma
gota
salitrosa
de
mar,
que
já
não
sinto.
Um
instante...
Partícula
fugaz
da
grandiosidade
do
universo.
Ocaso;
alvorada;
nas
almas,
nos
corpos.
Por
que
nascí
esse
instante!
Por
que
distante
está
meu
tempo!
Por
que
não
morrí
en
esse
instante,
para
nascer
de
novo.
Por
que
não
nasciste
antes
e
vieste
a
meu
encontro,
parindo
lírios...
Luz
de
amor
nosso.
Que
é um
instante?
O
que
eu
desejo:
ver-te
e
morrer
em
teus
lábios
novos.
Matilde
Maisonnave
Argentina
 |