|


|
PAGINA Nº 3 :
Teresa
Leonardi Herrán
|

  
Sección a cargo de la Prof. Nora
Salazar y la Escritora Miriam
Fuentes
Coordinación: Prof. Marcelo
Romano

TERESA LEONARDI HERRAN
por Miriam Fuentes

Teresa Leonardi Herrán:
pertenece a la generación del
´60 de la poesía del Norte
Argentino
Cuando veo a "Kuky" Herrán, o
estoy con ella, siempre tengo la
misma sensación de estar frente
a dos mujeres que la conforman:
Rosa de Luxemburgo y Susan
Sontang , o entre la "lechemadre
" de la musa. No sé, yo la
percibo así: de manos prestas y
virtuosa escucha, amplia
lectora con un generoso corazón,
donde conjuga responsabilidad y
dulzura, ella carga su pluma y
su piel en constante defensa de
los Derechos Humanos.
Decir Poesía-Mujer-Salta, nos
lleva sin equívocos a su voz,
divisando una amante del
arte, la justicia, la revolución
y el amor. Kuky marca la
historia de Salta, porque es la
memoria misma militando la
tinta.
Es Profesora de Filosofía,
ejerció en la Universidad
Nacional de Salta, donde ha
publicado abundantes y
prestigiosos artículos.
Actualmente sigue siendo una
incansable traductora de la
poesía francesa, coordina su
taller de poesía, es jurado
electo por los concursantes en
los certámenes provinciales y
colabora desde siempre en
diarios y revistas locales y del
país.
Obras publicadas : "Incesante
memoria"( 1985) " El
corazón tatuado" (1990)
"Blues del contraolvido"
(1991) "Crónicas de la edad
de hierro" (1996)
"Rizomas" (1996)
Has
hecho de mi memoria un panal con
miel
Tantas veces viajé con vos a
países que no están en los mapas
solo por traer en los gastados
zapatos
el brillo de una mica azul
incomparable
Ninguna ciudad atrapó más de un
día nuestro vagabundeo
por calles que subían hacia
lunas recostadas
en el mediodía de piernas
abiertas
Cuando muera de mala muerte como
mueren los que sueñan
harán la autopsia de mi alma
donde llevo tatuado tu rostro
amor mío
tu rostro de niño idiota
resistiendo a los bárbaros.
Sos tantos que nunca bajé dos
veces a tu sangre
paisaje abigarrado donde vivo
y me redime de este mar de
arenas
Has hecho de mi memoria un panal
con miel
para el tiempo cuando mi boca
inconsolable
no te encuentre.

Dies irae
Había que vigilar las ramas de
la higuera
que en silencio bordaban los
días de la ira
y a la sombra de la siesta
abjurar de su sombra
donde puntual nacía el duende de
la muerte
Niña llena de miedos
me habitó un corazón de
Scherezade
y el tiempo fue una larga
serpiente fascinada:
domestiqué sus furias con mis
sueños y abismos
y en las manos oscuras de la
higuera
no floreció el apocalipsis
Cuando apagó la vida mi voz de
imaginera
volví al patio de lajas de la
infancia
Allí estaba la higuera:
con su sombra llenaba un duende
su caldero
y ángeles desataban en su copa
las flores del amor crucificado

Canto al Inmigrante
I
De los tugurios de la Europa
pobre,
de las nómades tiendas que
viajan por el calvo desierto,
de las llanuras junto al Sinaí,
ríos humanos andando hacia la
mar,
su sed de otras riberas
encontrando
la temblorosa brújula donde el
azar inscribe
dulces comarcas de encendido
fuego
o la furiosa salen tempestad.
De los barcos bajaron.
Algunos con petates donde
alternaban gastadas herramientas
con las fragantes ropas que
olían a sudor, a lechemadre,
a manos de ángel sucio.
Otros, tan desnudos de bienes,
sólo trayendo el oro de sus
ganas para arañar la tierra
y preñarla de trigos y caminos
o un acordeón par a trepar al
cielo cuando la mufa apriete.
II
De los barcos, saltando al
muelle hermosos alquimistas,
hombres, mujeres,
los del sueño incesante de
plantarse a vivir, a querer, a
morir,
en la corola abierta de un
utópico espacio
útero acogedor donde fraguar
mañanas
colmena de la miel interminable.
Y ellos que traían sus voces,
sus costumbres,
sus mujeres con velos, sus
muchachos con boinas,
su abigarrado santoral donde
dormían los nombres de los
hijos,
su rezo hacia el atardecer
mirando hacia la Meca,
el secreto Talmud desgranando
designios,
encontraron ciudades donde el
aire
lo enjoyaba otra lengua,
campos con cicatrices de
recientes arados,
niños absortos en el ritual de
la payana.
¡Oh tiempo de mutuas
polinizaciones!
Rostros reconociéndose pasajeros
de una única nave,
dulzura de rizomas en las noches
creciendo sus anillos nupciales
para alumbrar una mestiza carne.
III
"Aquí vinieron italianos,
turcos,
árabes, rusos, búlgaros, judíos,
eslovacos, polacos, españoles"
cada uno con su porción de
sueños
cada sangre su perla
irrepetible.
Cuánta oscura nostalgia les
nacería a veces
cuando cae el crepúsculo
Y el batiscafo de la memoria
baja
a catacumbas donde la luz
pervive.
Pero la lejanía, sólo el
relámpago de la lágrima.
¡Libaciones de la flor amarga
del exilio
en los alambiques del alma
volviéndose dulzura !
IV
Y ellas, las doblemente oscuras,
las anónimas,
las que escriben con sus
entrañas tanto vivo poema,
fueron la muchedumbre silenciosa
que amasó las harinas y
esperanzas:
en las bocas las hostias que
alimentan,
en las almas el rojo pan de los
mundos posibles.
Canto a su corazón cobijo de la
llama
en los glaciares de los años
'30,
y a su pañuelo blanco de madre
innumerable,
su derramada luz sobre el
planeta.
V
¿Y qué de aquellos barcos?
Acaso pecios que el herrumbre
piadoso haya guardado.
Su cargamento azul aún en el
tiempo
repartiendo sus rostros en todas
las esquinas
en un país que andaba desnudo de
murallas.
Inmigrante
¡Oh boca amada que al pasar
cantaste!
¡Oh corazón en busca de la
Ciudad Futura !
venga a nos
tu sístole y tu diástole de
pájaro incesante,
su ala en el oficio de volar
aunque nieve,
venga a nos tu potlach,
tu odisea sin término,
¡ tu santa terquedad para
alcanzar la estrella!

Escuchando a Miles Davis
Escuchando a Miles Davis la
memoria diluvia
Furiosamente inundan las aguas
del recuerdo
un corazón sin fortificaciones
Para la que habita un aire
cargado de melancolía
es asfixia la concentrada luz
que ya no vive
Oh bella pez en el estanque
seco
tu respiración se clausura
cuando la pleamar
entre otros soles trae
una mujer y un hombre bebiéndose
las bocas
en el vagón de la última utopía
Miles Davis gaviota negra tu
vuelo estalla
el tiempo reversible
Ayer nos quemaremos volviéndonos
cenizas
mañana lloré sola mi espalda
con joroba
Pero quizás esta música no sea
sino un malentendido
Tal vez lo único cierto es mi
deseo
de repetir la locura de la monja
portuguesa
ahora que diluvian días sin
regreso
y su mano lejana llueve catleyas
sobre otro cuerpo incierto y
mortal.

Canciones para Joaquín
A
Joaquín Giannuzzi
Vino la abeja con su aguijón de
nieve
que en disímiles tiempos ya
cose nuestros ojos
hasta que por mí ella regrese
tejo el manto de besos que
volverá a abrigarte.
*
El corazón desollado
desciendo del Árbol
De la rama más alta,
vos jaguar inocente, me decías
adiós
con tu pañuelito de fuego.
*
Qué importa si insomne me
sorprende el alba
quemándome en el fuego
de tu dulce memoria
si sé que cuando el mundo ya no
sea
todavía será mi corazón que te
ama.
*
El tajo de sombra
que desanuda nuestros cuerpos
es anillo nupcial que siameses
nos vuelve
a la matriz sin tiempo.
*
Adumbra oh noche
adumbra aún mas
que tu carozo oscuro es claridad
junto a mi corazón viudo del
sol.
*
Amor gracia primera y última
Por el don de tu cuerpo
hostia del infinito
me he conocido eterna.
*
Ostra vaciada de tu preciosa
perla
pecio en camino hacia su
desnacer
viajo en tu busca
alvéolo que me fuiste
respiración y vuelo
despierto oído que en la noche
aún canta
¡Qué cerca ya de vos
muchacho que te escondés en las
estrellas!
*
Volvieras
salmón enamorado
remontando los días
a desovar en mí tu luz
creciente.
Me abrasara tu llama
te quemara la mía
confiados en que la muerte no
tendrá dominio.

Frida Kahlo
Multiplica su rostro sobre telas
en oficio ritual contra la
muerte
Ama más a los cuerpos que a la
belleza
ama más a la revolución que a
los cuerpos
desde el amanecer es el sinsonte
único
que en Coyoacán el aire endulza
con los corridos y la
internacional
y aún cuando en ella arrecia el
dios de los dolores
con la gangrena y el corsé de
hierro
desencierra a la noche su
caracol hermafrodita
el bacante la omnívora
Oh Frida Señora de Todos los
Vuelos
préstamos tus alas en este fin
de siglo
donde vivir lisiados es la norma
habítenos tu corazón de doble
llama
quemándose por la justicia y la
belleza.

En días no nacidos
A veces pienso cosas que nunca
serán
tú a mi lado dormido
apagado el tumulto de los ojos
el inasible corazón bogando en
el océano del sueño
todo tu cuerpo dulce y quieto
como si madreperlas de carne lo
hubieran consumido
Qué ajena preocupación sería
entonces la muerte
Sobre tu pecho calmo sólo soñar
la vida yo podría
Y de tu mano abierta para la
sociedad de mi mejilla
brotaría la infancia rediviva
Tú a mi lado dormido en días no
nacidos
cuando mi sed que busca a dios
lo hubiera hallado
en la creciente luna de tu
sangre
Autora de la nota:
miriam fuentes

  


+
|