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PAGINA Nº 2 :
SARA SAN MARTIN
(Argentina) Y
AUGUSTO ROA BASTO (
Paraguay )
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Sección a cargo de la Prof. Nora
Salazar y la Escritora Miriam
Fuentes
Coordinación: Prof. Marcelo
Romano

SARA SAN MARTIN DE DAVALOS
por Miriam Fuentes
Sara, nació en Tucumán.
En 1942, junto a : Raúl Galán,
M.J Castilla, Ardiles Garay,
Pereyra y Uzuriaga y otros
artistas de vanguardia fundan el
grupo "La Carpa".
En 1949 se radica en Salta.
Fue profesora de Filosofía y
Pedagogía, se dedicó con
vehemencia a la narración, a la
poesía y a la docencia.
Sara vivió con desmesurada
magia y hechizo propio en su
casa de "palo marcado" (Cerrilos-
Salta.)
"Nada vengo a decirte sino que
soy una mujer,
me han llenado el corazón de
anchura
y tengo para dar desde él la
creación del orbe."
Siempre, sostuvo que había que
vivir intensamente, ocurriendo
la poesía y extendiendo la
palabra a la tierra.
Era una heroína de esas, que
cuando uno conoce, la incorpora
de inmediato al "reino de este
mundo" y jamás olvida su
persona.
"Tengo el itinerario de tu viaje
lo tengo yo
me llenaron de amor para
entregártelo."
("Soy una mujer" de Yo soy
América)
Sara San Martín de Dávalos
enfrentó la vida y las
dificultades de ser una
pensadora femenina, con
atrevimiento y bravura. Sembró
fecunda, por el norte argentino
toda su obra, obteniendo muchos
premios.
Su poesía que fue un llamado
se difunde, universal, valorada
en el ámbito nacional, por su
enérgica presencia, que nos
hace estremecer ante su planteo
a la condición humana.
Sara fallece en Salta, dejando
obras inéditas en 2001.
Sus obras:
"Yo soy América"(1962)
Cuentos (trabajos
colectivos)(1968-1970)"Cuentos
de nuestra tierra"(1983),
"El Agredisto"(1983), "De
amor deshabitada" (1984),
"Shusky y otras soledades"
(1988), "En una eternidad
descomedida" (1992),
"Festín del águila" (1995)
Poemas
Estoy aquí
Con un silencio tenso,
oscura y ovillada...
impasible
contra las paredes grises
mientras la tierra sangra.
A veces,
entreabro una venta
y me retengo apenas.
Desenredo mis brazos
y me estiro en la vida y en sus
grietas.
¡Pero vuelvo... con mis gajos
quebrados, apresurada de
silencio!
Necesito huirme
para tolerar mi vida sobre el
tiempo.
(de "Yo soy América")
Desde el caos
Donde en claro-oscuro la
indecisión es vínculo,
crecerás para siempre. Rasgo
limpio de luz: América...
Yo soy tu oscuro origen, la raíz
en conflicto,
la referencia agónica de todo lo
imposible.
Desde donde yo vengo se inicia
todo abismo
y la absurda región donde la
duda es credo...
es desconsuelo y llanto la
lucidez del signo
y la angustia el apremio de mi
sed sin rivera.
Mi muerte el horizonte donde tu
ser comienza
y la herida que parte mi corazón
tu impulso.
Tu senda... mi renuncia del amor
en su hallazgo.
¡YO SOY UN GRITO OSCURO!
...Pero yo... soy AMÉRICA.
Paradigma de tu alma universal
genero
en mí el antagonismo de todas
las pasiones...
vengo desde la urdimbre convulsa
de la tierra
a convocarte a un sueño.
¡Mi raíz es oscura... pero mi
sueño es claro!
Mi sueño es el oriente, la
solitaria cumbre,
Donde el ojo avizor avecina
futuros
Y cobra eternidades,
¡Vine a mirar y miro...
Y veo hasta los días que
heredarán mi sangre
Y la atroz negación de su avidez
genérica!
Y veo hacia mañana, donde yo soy
el símbolo...
cariátide del sueño que sustenta
la tierra.
Aunque para que crezcas a tu
claro destino,
se rompa el orden del universo
en mi alma
y mi corazón estalle en un
desierto.
De "Yo soy América")
Hilando
Guardo mis espaldas
con el rocío de cada amanecer.
Yo nada tramo
En el rincón mas olvidado
de la casa
alguien hila por mí
en la Rueca del Sueño.
Ellos los pescadores
de las redes rotas,
ellos sí.
Traman.
Guardan sus espaldas con azufre
con amuletos de alcanfor.
En la casa vacía
Nadie hila por ellos
En el Huso de la Eternidad.
( de "Festín del Aguila")
Irme del corazón
De soledad y tristeza en un
desvío
de oscura muerte y avidez
sollozo.
El corazón me aterra como un
pozo
de telarañas y viscoso frío.
Lejos, la aldaba suena para
estío.
¡Octubre tañe un bronce
milagroso!
Y yo en invierno, sangre sin
rebozo,
Quiero abrigar con sueños a mi
hastío.
¡Irme del corazón, como me iría,
ebria de juventud y de alegría
a retoñar en lirio y amapola.
Pero me quedo sin amor y sola.
Me quedo con mi beso en agonía,
mientras la sangre en canto se
acrisola.
(de Shusky)
Desde la muerte
Qué delito morir de esta manera.
Morirme tan del alma, de tal
modo
Que por hurtar el corazón del
lodo
Se me quede la sangre sin
ribera.
¡Que nos vuelva el sueño
calavera
de un ambular sin rumbo ni
recodo!
Por un algo de Dios, morir del
todo
en un irse de amor que
desespera.
Morirme si la piel y sin el beso
mientras el alma huye sin
regreso
por no poder amarte y por
quererte.
Que aquí se quede condenado el
hueco
a sostener los ojos que sin
verte
te mirarán, amor, desde la
muerte.
(de En una eternidad
descomedida)
Curiosa y sorprendida
Si voy a Dios, cuando me muera,
quiero
Ser en él lo que mira, no al ser
puro,
sino al paso del cosmos
inseguro,
prosiguiendo, tenaz, su
derrotero.
Mirar la sangre en la que vivo y
muero
en su trama sin fin, y el fin
oscuro,
donde el afán agónico que apuro
concluya su destino verdadero.
Quiero mirar el cielo luminoso,
los valles y las cumbres de la
tierra
y ésas que el hombre en su
interior encierra,
librando en juego azar
maravilloso.
¡En Dios quiero, curiosa y
sorprendida
mirar las ocurrencias de la
vida!
(de De amor deshabitada)
Prados
Fui a enterrar mi memoria
en el antigal de los elefantes.
En el valle petrificado
ella
no tenía sentido.
¿Con qué se nutriría ahora
el ave dorada,
la saeta del sol?
¿Acaso con los sueños?
Después de todo
ellos
adelantan los presagios,
rescatan al amor,
rasguñan los osarios
y traen a los nuestros.
Los sueños nos llevan
al círculo vincular
y escapan
al espacio y al tiempo.
Es caro el cielo
Tú que vives sin margen y sin
prisa
huyendo de ti mismo, desolado
sintiéndose latir a tu costado
con el alma extraviada e
imprecisa.
Mientras apura el fuego su
ceniza
Y tenue dice el labio: amada...,
amado,
¡me preguntas porque vine a tu
lado
si todo lo que tocas agoniza...!
Cuando te di este hijo por quien
velo,
Yo te vine a decir porque se
llora;
cómo se puede rescatar la aurora
por la que clama tu sombrío
anhelo.
Te vine a decir esto: ¡ es caro
el cielo!...
Lo ganaremos juntos desde ahora.
(de De amor deshabitada)
¿Y es esto la eternidad?
A ciegas vivo, presa en el
delito
De sosegar esta avidez de
altura.
¡Tanta sed, para tanta
desventura!
¡Tanto silencio par sólo un
grito!
Cumbre de niebla en soledad
habito,
por el
abismo se de su estatura.
Sin horizonte, en páramo y
locura,
como una
burla siento lo infinito.
¿Y es esto eternidad o senda al
cielo?
mientras mi ser lo espiritual lo
encierra
enamorado
de su desconsuelo,
¡Cuánto más cerca está de Dios
la tierra!
Cegada y
sorda a todo lo que aterra,
a todo lo
que es luz, altura o vuelo.
(de En una eternidad
descomedida)
En cifra para ella
¡Oh días caídos fuera de los
sueños
consumadores de mi historia!
Memorables,
fatales días roedores del
tiempo,
encarnados situadores de límites
de rémoras y márgenes.
¿Qué
llevarán de mi
en el segundo íntimo que forjan?
Si yo he
vivido un sueño...
Les quedará
de mí sólo las valvas
de las enfermas ostras.
Las perlas
de mi origen enhebradas
las he librado en canto.
(de
Festín del águila)

AUGUSTO ROA BASTO
por Ninfa Duarte
Poeta, narrador, periodista,
ensayista, guionista
cinematográfico y dramaturgo.
Nació en Asunción en 1917, si
bien vivió gran parte de su
niñez en el pueblo de Iturbe,
sitio cuyo recuerdo aparece
recurrentemente a lo largo de su
obra. Participó como voluntario
en la Guerra del Chaco. Viajó a
Inglaterra y Francia durante la
Segunda Guerra Mundial, como
corresponsal. Uno de los grandes
maestros de la narrativa
contemporánea, ganador del
premio Cervantes 1989 máximo
galardón para un escritor de esa
lengua, rubrica con la autoridad
que emana de dicho galardón a la
altura de los mejores escritores
del siglo XX, El escritor
paraguayo de más renombre
internacional, Roa Basto ha
vivido en el exterior durante 40
años, lo que marcó con letras
indelebles el estilo
característico de sus escritos.
Miembro del grupo que inició la
renovación poética en el
Paraguay de la década del 40
junto a Doña Josefina Plá y
Herib Campos Cervera. Su
copiosa producción ha sido
traducida a varias lenguas y
distinguida por prestigiosos
premios internacionales.
Entre sus libros se citan: “El
ruiseñor de la aurora y otros
poemas” “El naranjal ardiente”
“Yo, el supremo” “Fulgencio
Miranda” “El trueno entre las
hojas” “El baldío”
“Madera quemada” “Moriencia”
“Cuerpo presente” “Hijo de
hombre” “Madame Sui” “Vigilia
del almirante” “El fiscal”
“Contravida” y otros.
Su producción
literaria abarca múltiples
facetas a lo largo de sus
ajetreada vida, desde
corresponsal de guerra, hasta
guionista cinematográfico,
pasando por la poesía y la
narrativa. Esta última es donde
alcanzó mayor notoriedad y le
consagró como uno de los mejores
escritores de Latinoamérica y
del mundo.
Roa Basto sabe que
el auténtico lenguaje del
artista es el viviente, el
lenguaje en que se ama y se
muere, el lenguaje de la pasión
y de la verdad y que los únicos
lenguajes que han dejado de ser
caóticos son los idiomas
muertos.
En el año 1955
aparece “Poesías reunidas”,
donde se presenta con lo más
representativo de su obra
literaria en versos. De ella
tomamos esta que es como un
Himno en las escuelas primarias
del país, y quiero creer que no
hay un solo paraguayo que no la
conozca y no la haya recitado en
sus años escolares.
El poncho del arriero…
Augusto Roa Basto
(Paraguayo)
Poncho que cubres el pecho
del mocetón de mi tierra,
tienes fama de armadura,
tienes fama de bandera.
Poncho que llevas prendido
a la urdimbre de tus hebras
calor, coraje y denuedo
como blasón de nobleza;
Bajo tus pliegues altivos
suda la carne guerrera
y la víbora de plata
del facón se despereza.
Pero también, poncho austero
de mi raza y de mi tierra,
sabes tu fleco ondulante
llevar a la sementera
como caricia de paz,
cansado de la pelea.
Y entonces, poncho, no sé
si como recia bandera
ye admiro más en las rudas
jornadas de la pelea
o como veste de paz
besando la oscura tierra
de donde habrá de brotar
la aurora de la cosecha
con sus ríos de áureas mieses
caudalosos de opulencia.
Poncho que cubres el pecho
del mocetón de mi tierra,
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