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Sección a cargo de la Prof. Nora
Salazar y la Escritora Miriam
Fuentes
Coordinación: Prof. Marcelo
Romano

JACOBO REGEN
MANUEL J. CASTILLA
WALTER ADET

JACOBO REGEN
Jacobo Regen, Poeta en Salta
por MIRIAM FUENTES
.
Ah, lírico sostén
ah, desventura
ah, piel lago sencillo en su armadura
pero que sangra y sangra del revés.
Alberto Tasso

Salta tiene un ángel, "y me
debes creer", sensible hasta
los extremos, lúcido y filoso
que toma café, bajo sus lentes,
y aquí nomás frente a la plaza.
Su poesía refleja palabra y
acto, posee la síntesis
coherente, limpia y fiel de
quién ya lo visto todo, de
quien ya profundo e intenso
como un pozo ha vivido adentro
de la piel misma y breve del
verso.
Su voz rumbea transparente,
desde las primeras elegías al
último trazo, donde, lo detuvo
el dolor en silencio.
Ella puede desgarrarte o
fortalecerte porque es espejo
de su alma y quien aborda su
lectura queda para siempre
turbado con una granada abierta
entre los dedos.
Este hombre nacido en Campo
Quijano el 5 de enero de 1935,
escribe desde niño y representa
hoy la más alta literatura.
Este ángel rodeado de
recuerdos, inteligente y noble,
está entre nosotros., invadiendo
y rescatando la mirada porque
todos sabemos que no podemos
quitar los ojos de él.
Jacobo es un ángel " y me debes
creer"
Obras:
"Canción del ángel". Tucumán
1964-"Umbroso Mundo". Buenos
Aires 1971-"El vendedor de
tierra". Salta 1981
"Poemas Reunidos". Salta 1992-
"Antología Poética". Bs.As.
2002.

CANCIÓN DEL ÁNGEL
Serenamente digo: "soy un ángel"
Y me debes creer.
Ningún platillo de la balanza
sube,
o baja
bajo mi peso.
Incorpóreo,
ligero,
desnudo,
como la luz...
Y sin embargo, toda
mi trayectoria es una sombra,
mi corazón es una sombra,
una moneda oscura
destruida
por el tiempo, sin tiempo y sin
memoria.

CORRECTOR
Yo soy, uno mas, un corrector de
pruebas.
No dije nunca nada de mí mismo
porque desconocía los acentos
que caen en mis vértebras
profundas.

EL VENDEDOR DE TIERRA
Vuelve del horizonte
cargando tierra negra es sus
espaldas
cuando llega lo aplauden los
jardines
y se emociona el agua.
Yo le compro tierra, y algún día
me tendrá que vender toda la
carga.

DISTANCIA
No hay distancia más grande
que la que nos separa
del vecino,
del solitario prójimo
que generosamente
nos ayuda.
Su lema siempre fue: "lo mío
es mío
Y lo tuyo también".

TATUAJES
Yo creo en las palabras
que son carne y espíritu:
tatuajes repujados
a punta de cuchillo.

PRELUDIO
Empieza la función.
Lo muerto en su lugar. Lo vivo,
muerto.
Y todo este destierro
ya para siempre a mi
disposición.

MARGALIT
Me ganaste la apuesta,
Margalit.
Y junto a la nostalgia
siento la angustia de perderlo
todo
como si el muerto fuera yo.
Conmigo estás.
El alba
se derrumba ante mis ojos
y socava la tierra que nos une.
Bajo la misma sombra nos
veremos.
Y no habrá más apuestas,
Margalit.
25/VII/02 (inédito)

Manuel J. Castilla
Un gozante, un nombrador, un
nostálgico
Por:
Prof. Nora Salazar,
en
colaboración con la
Prof. Mirtha Elena Seco


El universo poético de Castilla
muestra claramente dos
vertientes: la celebración de la
naturaleza y el compromiso
social.
La naturaleza, en su poesía, se
manifiesta en plenitud y es
motivo de alabanza constante
mientras que lo social se
encierra en el silencio, en la
inexpresividad que sólo sale
afuera en el lenguaje de los
gestos, de las manos, de los
ojos o del canto.
Su decir es
sencillamente profundo. La
nominación de las cosas es parte
de su singular estilo:
Esta tierra es
hermosa.
Crece sobre mis ojos como una
abierta claridad asombrada.
La nombro
con las cosas que voy amando y
que me duelen:
montañas
pensativas, lunas que se alzan
sobre el chaco
como una boca de pan
recién prendido,
yuchanes de leyenda
en donde duermen indios y
ríos esplendentes,
gauchos envueltos en una
gruesa cáscara de silencio
y bejucos volcando su azulina
inocencia.
(De Bajo las lentas nubes
- 1963)
En esta tierra nace. En
Cerrillos el 14 de Agosto de
1918. Tierra a la que amó y
celebró desde el espacio libre
del gozante.
Me
dejo estar sobre la tierra
porque soy el gozante.
El que
bajo las nubes se queda
silencioso.
Pienso:
si alguno me tocara las manos
se iría enloquecido de eternidad
húmedo de astros lilas,
relucientes.
Estoy solo de espaldas
transformándome
En este mismo instante un saurio
me envejece y soy leña
y miro por los ojos de las
alas de las mariposas
un ocaso vinoso y
transparente.
En mis ojos cobijo todo el
ramaje vivo del quebracho.
De mí nacen los gérmenes de
todas las semilla y
los riego llorando con rocío.
Sé
que en este momento, dentro mío,
Nace
el viento como un enardecido río
de uñas y de agua.
Dentro del monte yazgo
preñado de quietudes furiosas.
A veces un lapacho me corona
con flores blancas
y me bebo esa leche como si
fuera el niño más viejo de la
tierra.
Miro los cachos del banano,
veo arañar sus dulces dedos
de oro
y en las sandías
los genitales verdes del
verano llenan mi corazón de
poblaciones.
Siento que estoy tapado por
luciérnagas
y que en mi pelo crece la
niñez del relámpago.
Lo que pisa mi piel igual que
arena lo traga para siempre.
La sombra de los pájaros es
como un agua negra que acaricia
mi nuca,
una hormiga me deja su ají
breve en la boca
y me voy a los tumbos en la
noche
por el agujereado camino de
los sapos.
¿Quién me arrima la paz de la
tortuga?
¿Quién desempoza el tiempo de
su cáscara?
Soy el que por la piedra
lechosa del quirquincho
bebe en miel las abejas
como el rocío maduro de la
música.
¿A dónde irán mis ojos llenos de
hojas?
¿ Por dónde en ellos vagará el
cielo yéndose?
Me mira Dios y sé que aquí,
yaciendo,
Lo estoy haciendo
despaciosamente
De cara al infinito
Siento que pone huevos sobre mi
pecho el tiempo.
Si se me antoja, digo, si
esperase un momento,
puedo dejar que encima de mis
ingles
amamante la luna sus
colmillos pequeños.
Miren mis ojos cuando estoy
pensando a ver si es que les
miento.
Zorros, la cola como
cortaderas,
gualacates rocosos,
corzuelas con sus ángeles
temblando a su costado,
garzas meditabundas,
yararás despielándose,
acatancas rodando la bosta de
su mundo,
todo eso está en mis ojos que
ven mi propia triste nada y mi
alegría.
Después, si ya estoy muerto,
Échenme arena y agua. Así
regreso.
(De Cantos del gozante-
1972)
La tierra está presente siempre. En el
manifiesto de La Carpa,
grupo literario del cual es
iniciador, ellos dicen de la
tierra: “Creemos que la
Poesía es flor de la tierra, en
ella se nutre y se presenta como
una armoniosa resonancia de las
vibraciones telúricas. Creemos
que el poeta es la expresión más
cabal del hombre, del hombre
hijo de la tierra, aunque se
yerga como el árbol en
aspiración de altura.
Conscientes de las solicitudes
del paisaje y de las urgencias
del drama humano no renunciamos
ni al Arte ni a la Vida...”
La tierra es el motivo central de su
poesía; de allí es que se
reconocen toponímicos que
denuncian sus pasos pensantes
por la dilatada geografía del
noroeste y de los pueblos
andinos americanos.
Porque en su
indiferente desolación de azufre
y de salitre carcomido
permanece estremeciéndose
sólo para los vientos
milenarios.
Desconsolado azul,
cielo baldío, irrecordable
cielo,
Camino hacia la abandonada
memoria de Dios
(Puna del libro La tierra de
uno – 1951)
De su
silencio
por su silencio crecen en
dulzura sus viñas
y el júbilo remoto de sus
vinos hechizos
afirma su exaltada canción y
memorable
como si entre los ojos de los
hombres
molieran los racimos
(Valles Calchaquíes del libro
Norte adentro – 1954)
Ay tierra que te entierras
sin saberlo, en el aire
Me gusta hablarte boca a boca
a solas
Irte diciendo todo lo que
callas
......................................................................
la puna era un resuello casi
invisible,
transparente y gris y
fatigado.
(De Bajo las lentas nubes
- 1963)
Pienso en el chaco, ahora.
En esa adormecida planicie
solitaria
En ella, los crepúsculos
Se van en una larga melancolía
dorada
..................................................................
En el chaco los cielos
Vuelcan pampas de nácar,
Derrumban sus harinas de
girasoles de oro
Y sueltan sus manadas de
corderos, levemente..
(De Bajo las lentas nubes
- 1963)
La naturaleza se manifiesta en
plenitud asociada al tiempo que
reiteradamente es personificado
Cuando la primavera está
llegando,
cuando el verde aparece en
los álamos tan tiernamente
que no se sabe si es hoja
o rana pequeñita que
comienza a cantar en los charcos
del aire
entonces, sin querer,
uno le ve la sombra clara a
su propio silencio
y algo que se parece a los
dedos de Dios
le enternece los ojos
Ese pequeño verde que brinca,
esa como mirada de niña que
florece,
esa lágrima dulce de la
tierra, derrumbándose,
ese parado goce de la savia
es el primer vagido de la
primavera.
Son unas hojas tiernas.
Eso es todo el suceso. Casi
nada.
(El verde vuelve- 1970)
Es la naturaleza asombrosamente
celebrada en la solemne y lírica
ponderación de los árboles, del
río, del cielo, de los
amaneceres, de los
crepúsculos...
Pasa que veo un tarco joven
alzando al viento
Un avestruz plumudo y hermoso
en el verano
Y miro un paraíso dorado
dándome sus ramos y semillas
Y que de esas semillas que
las siembro a voleo
Vuelve creciendo profunda la
belleza solitaria.
Siento venir campanas en
yuchanes repicando apenitas
Junto al estrellerío de pie,
inacabable de las altamisas
Y voy entre los yuyos y las
enredaderas cariñosas
Con una voz que callo pero
les cuenta a todos
Que crezco en el verano
sorbiendo zumo tierno
Como si yo mismo me bebiera
temblando.
(Leche verde del libro Triste
de la lluvia – 1977)
Oh, pura levedad de los
chañares!
Oh, doliente algarrobo,
Sobre tu pensamiento los
hermanos
Siguen muriendo para hacerse
pájaros.
..............................................................
Vengo desde el laurel que
huele como el hombre,
desde el fondo del cedro
donde dormita el rosa su
amanecer de greda
y de los guayacanes donde
comienza el ébano.
Vengo de allí, desde sus
hojas vivas,
desde el incendio en paz de
los lapachos
cuando los tarcos pierden un
tierno olvido lila.
(Los
árboles del libro La tierra
de uno – 1951)
La segunda vertiente que corresponde a la
poesía social se da en forma
impersonal. Esta impersonalidad
desdibuja la singularidad del
sujeto, muestra un sujeto
múltiple que emerge del grupo
social de pertenencia. Así
surgen personajes anónimos pero
que representan a un colectivo
como: La Preñadita, El Ahogado,
Cantor de bagualas – El
cantor de bagualas/ es un ala
borracha y melancólica -,
Cuatreros, Matacos, Cantoras de
Tarija – En los labios de
esas mujeres/ América era un
ángel distraído,/ un campesino
enamorado/ una tierra botando
borbotones de pájaros -, El
Mendigo, Hachero, Mineros –
Ellos con su tanteo/ de roca en
roca, ciegos,/ ellos limando
aristas desoladas,/ ellos
dolientes, purificados en su
luz/ como en un sacrificio
silencioso -, El Capataz,
Carrero – Lento señor del
obraje, / gritador y
polvoriento,/ como una sombra se
duerme/ sobre tu espalda el
pañuelo – La Palliri, Hombre
entre las cumbres de Lizoite –
Nadie pregunte nada,/ nadie
cave en este hombre/ ni entre
los pajonales dorados donde
habita/...Que nadie diga nada/
porque él está empollando entre
las cumbres/ el arenoso huevo
del silencio -
En su obra están también presente los
afectos en las dedicatorias y en
las poesías mismas. La
dedicatoria del libro De solo
estar- 1957, es para
Ricardo, el hermano menor a
quien llamaban “Pícaro Sueño”
fallecido a corta edad. La
dedicatoria dice así “A Pícaro
Sueño que está mintiendo en el
cielo”. También existe un
especial espacio para los
amigos: el pintor Luis Preti, el
poeta jujeño Raúl Galán con
quien fundó La Carpa, Gertrudis
Chaley pintura europea con la
que tenía un singular afecto.
Fue Don Manuel quien presentó en
Buenos Aires una de sus primeras
exposiciones en 1944
Y tú Luis Preti píntale el
milagro.
Saca el barco más blanco de
tu pecho
Asiéntalo en el mar azul del
chaco
Y vámonos de viaje hacia la
luna
Donde mueren bailando los
matacos
(Paisaje
de Tartagal del libro Andenes
al ocaso- 1967)
Sin embargo, Raúl, yo me miro
las manos.
Ellas esperan solas el peso
de las tuyas.
Porque te has muerto joven mi
corazón se empaña
Y se queda pensando como una
laguna.
(Requiem por Raúl Galán del
libro Bajo las lentas nubes
- 1963)
A veces, cuando me quedo
solo,
cuando el alto día del otoño
desciende hasta mi corazón
pienso que estás a nuestro
lado como un ángel de greda
silencioso.
(Gertrudis Chaley del libro
Norte Adentro- 1954)
Finalmente sería
injusto al hablar de Castilla
omitir el aporte lírico
exquisitamente logrado, al
cancionero popular. La célebre
Zamba de Balderrama, El Fiero
Arias y La Pomeña junto al
músico Gustavo Leguizamón, La
Volvedora junto a Eduardo Falú y
otras composiciones como Navidad
de Juanito Laguna, Carrero,
Pastor de Nubes son algunas
escritas para ser cantadas;
posteriormente, otros
compositores le pusieron música
a sus poemas como es el caso de
El tren.
Completan la totalidad
de sus obras – aparte de las
mencionadas precedentemente:
Agua de lluvia en 1941,
Luna muerta en 1943, La
niebla y el árbol en
1946, Copajira 1949,
El cielo lejos 1959 y
Posesión entre pájaros en
1966.
Don Manuel en un solo verso
inaugura todo un universo por
donde es posible transitar
libremente, alimentando
sutilmente por esa voz que es
como una nota sublimemente tenue
pero siempre incipiente:
Voy a sus huesos verdes
Con un iluminado destino de semilla
Su poética es eso simplemente semilla

Parte de su Obra
Juan del Aserradero
Juan
del aserradero se ha embriagado
y hace
como dos horas que duerme en la
vereda.
Ayer
Juan ha cobrado
y en el
bolsillo apenas si tiene una
moneda.
Juan
del aserradero
tirado
en la vereda
se
parece a los perros.
Y para
que el solazo no le queme la
cara,
y se
despierte luego,
el
yuchán de la calle
tira
sobre sus ojos sombra como un
pañuelo.
Chaguanco, como pocos,
Juan
del Aserradero
quiere
olvidar la sierra
y se
duerme en el suelo,
pero la
sierra vuela
por
encima del pueblo,
se
torna una cigarra
y le
asierra su sueño.
La Palliri
Qué
trabajo más simple que tiene la
Palliri.
Sentada
sobre el cáliz de su propia
pollera,
elige
con los ojos unos trozos de roca
que
despedaza a golpes de martillo
en la tierra.
(Un
silencio nocturno le trepa por
las trenzas
y
oscurece la arcilla de sus manos
morenas).
Qué
inútil que sería decir que en
sus miradas
hay un
pozo de sombra y otro pozo de
ausencias;
que
pudo ser pastora de las nubes
y se
quedó en minera,
que
pudo hilar sus sueños por las
cumbres
viendo
bailar la rueca.
La
Palliri no canta
ni
tampoco hila sueños.
La
mirada en la tierra
y en la
cabeza el cielo
de
mañana y de tarde
busca
sólo el silencio
y
cuando está a su lado
lo
quiebra contra el suelo.
Y no
sabe que a ratos, entre sus
brazos recios,
se le
duerme el martillo como un niño
de hierro.
Entierro de Baltasar Guzmán
Al compadre de don
Balta, Medardo Sarmiento.
Voy
delante de todos, sin jinete, en
este entierro,
detrás
de mí viene mi dueño.
Don
Baltasar Guzmán viene dormido.
Ya
nadie me sujeta.
Nadie
apaga la espuma de mi freno y de
mi brío,
siento
los guardamontes como un cuervo
baleado encima mío.
Como
una espuela negra
algo se
clava en mis ijares
pero
sobre mi lomo ya no hay nadie.
Algo
que es un remoto recuerdo de
tonada
me toca
las caronas con un escalofrío.
Ahora
que lo llevo ya sin peso a la
muerte como a un pétalo
son un
granizo tibio sus espuelas.
La brea
en flor caída
le
doraba las huellas en su
Juramento
y el
crespín le entregaba gota a gota
balidos de rocío.
Me
sigue con su sombra, pero
echada.
Yo
recuerdo por él, que no
recuerda.
Evangelina Gutiérrez
A Eduardo Pacheco
Evangelina Gutiérrez
cuchillo en mano deschala
y
siente que todo el aire
a su
lado se azucara.
Miel de
palo, su dulzura
por sus
trenzas se derrama.
En sus
ojos el machete
es como
un tajo de plata
y en su
cintura se entibia
madura
ya la mañana.
En el
lote Arrayanal,
Ingenio
de La Esperanza,
a cada
golpe el machete
le va
cortando la infancia.
Evangelina Gutiérrez,
tallo
de arena en La Quiaca,
cosecha
para el ingenio
flores
de azúcar quemada.
Trapiche: párate ya,
no te
dejes cortar, caña.
La
noche llora rocío
salado
como una lágrima
y el
aire se pone luto
tordo
cruceño en las alas
porque
están moliendo el sueño
de
Evangelina en la zafra.
En el
lote Arrayanal,
Ingenio
de La Esperanza.
Suelo sentir la vida
Suelo
sentir la vida echándose en mis
hombros.
Que lo
que ella me entrega se me vuelve
hermosura
y voy
alegre por mi provincia como si
dentro el sueño me mojase la
lluvia.
Parece
que mi cuerpo fuera andando
enmelado
y todo
lo que he visto lo estuviera
llevando para sembrarlo lejos
igual
que una semilla pegada a los
caballos vagabundos.
Ayer
pasé mojando el lila del
crepúsculo
y
anduve largamente rodeado por la
luz despedida del olvido
y
cuando me quedé en la baba de
los bueyes echados y pastando
entré a
la tierra como una araña por su
tela, apedreada.
Como
toda la savia me rozaba por
dentro
desde
la flor dorada de los sunchos de
abril trepé en néctar y abejas
y
endulcé arriba el silencioso
caracol volando de los cuervos.
Me fui
por la Quebrada del Toro,
pedregosa,
y
herido por las pencas
dejé
gota tras gota floreciendo los
pastos de las cumbres.
Todo
está ahora como viniendo desde
mi júbilo.
El
cielo en los corderos espumosos
y su morado duro en las
ciruelas,
la
corona de la granada sin su
reino pequeño y destronada,
las
llamas que me miran con su
distancia de salina dormida,
la
sensitiva que oye si le hablan
antes de tocarla, y se cierra,
el
hombre que en el monte ve
dormitar el fuego
y lo
tapa en el alba con su propia
ceniza pensativa
y que
después, si canta, queda como yo
estoy ahora, iluminado,
soltando de sus huesos
asustantes faroles en la noche.
Como
soy vida verde me arrimo por la
coca hasta los labios de las
adivinas,
me
ahogo en sus presagios que me
quieren matar y que no pueden
hasta
que ya dormidas me dan una
arrugada y larga buena suerte.
Después, metido en el pecho
dorado de los días, toco el
viento.
Parece
que naciera de las crines de un
potro,
que
fuera, joven, un río de cauces
soterrados que trepa
y cae
desde los temblorosos caudales
de mi savia a la tierra.
Suelo
sentir la vida echándose a mis
hombros.
El Gozante
Me dejo estar sobre la tierra
porque soy el gozante.
El que bajo las nubes se queda
silencioso.
Pienso: si alguno me tocara las
manos
se iría enloquecido de
eternidad,
húmedo de astros lilas,
relucientes.
Estoy solo de espaldas
transformándome.
En este mismo instante un saurio
me envejece y soy leña
y miro por los ojos de las alas
de las mariposas
un ocaso vinoso y transparente.
En mis ojos cobijo todo el
ramaje vivo del quebracho.
De mí nacen los gérmenes de
todas las semilla y los riego
llorando con rocío.
Sé que en este momento, dentro
mío,
Nace el viento como un
enardecido río de uñas y de
agua.
Dentro del monte yazgo preñado
de quietudes furiosas.
A veces un lapacho me corona con
flores blancas
y me bebo esa leche como si
fuera el niño más viejo de la
tierra.
Miro los cachos del banano,
veo arañar sus dulces dedos de
oro
y en las sandías
los genitales verdes del verano
llenan mi corazón de
poblaciones.
Siento que estoy tapado por
luciérnagas
y que en mi pelo crece la niñez
del relámpago.
Lo que pisa mi piel igual que
arena lo traga para siempre.
La sombra de los pájaros es como
un agua negra que acaricia mi
nuca,
una hormiga me deja su ají breve
en la boca
y me voy a los tumbos en la
noche
por el agujereado camino de los
sapos.
¿Quién me arrima la paz de la
tortuga?
¿Quién desempoza el tiempo de su
cáscara?
Soy el que por la piedra lechosa
del quirquincho
bebe en miel las abejas
como el rocío maduro de la
música.
¿A dónde irán mis ojos llenos de
hojas?
¿Por dónde en ellos vagará el
cielo yéndose?
Me mira Dios y sé que aquí,
yaciendo,
lo estoy haciendo
despaciosamente.
De cara al infinito
Siento que pone huevos sobre mi
pecho el tiempo.
Si se me antoja, digo, si
esperase un momento,
puedo dejar que encima de mis
ingles
amamante la luna sus colmillos
pequeños.
Miren mis ojos cuando estoy
pensando a ver si es que les
miento.
Zorros, la cola como cortaderas,
gualacates rocosos,
corzuelas con sus ángeles
temblando a su costado,
garzas meditabundas,
yararás despielándose,
acatancas rodando la bosta de su
mundo,
todo eso está en mis ojos que
ven mi propia triste nada y mi
alegría.
Después, si ya estoy muerto,
Échenme arena y agua. Así
regreso.
La casa
Ese que va por esa casa muerta
y que en la noche por la galería
recuerda aquella tarde en que
llovía
mientras empuja la pesada
puerta,
ese que ve por la ventana
abierta
llegar en gris como hace mucho
el día
y que no ve que su melancolía
hace la casa mucho más desierta,
ese que amanecido, con el vino,
se arrima alucinado al mandarino
y con su corazón lo va
tanteando,
ese ya no es, aunque parezca
cierto,
es un Manuel Castilla que se ha
muerto
y en esa casa está resucitando.

Plaza
En esta plaza crece alta la
hierba.
El viento la toca y la inclina
levemente
cuando dos niños cruzan su único
camino
perdidos en su edad y entre
flores breves
y hojas recién doradas cayendo.
La vida, la única vida, está en
el cielo gris de la
tarde, yéndose.
Cuando oscurece y la noche tapa
los pastizales de la
plaza
la anciana sola de la casa
enorme enciende una
lámpara
y es como si echara encima
lenguas de vida blanca, sin
carne y en silencio.

WALTER ADET
Miriam Fuentes

Nace en Campamento Vespucio
(Salta) el 3 de diciembre de
1931
Sus obras :"En el sendero gris"
(Sonetos 1962)"Canciones a
una rosa"(plaqueta1966)
"Antología de la poesía
tucumana" (prólogo y
selección , 1967)"César
Vallejo"(ensayo 1969). "El
aire que anochece"(poemas1971)"Poetas
prosistas salteños (estudio
notas y recopilación, 1973, obra
ampliada y reeditada con el
titulo de "Cuatro siglos de
literatura Salteña" en 1981
"Memorial de Jonás"
(1981) "La casa de donde soy"
1984. Antología "Los Oficios"1987.
"El Hueco " -Salta. 1992
Fallece en Salta el 9 octubre
de 1992.
Decir Walter Adet, para mí, no
es fácil, porque a su persona y
su literatura lo siento muy
cercano.
Es un poeta que sacude, cala, y
golpea las entrañas logrando
el moretón. Sus poemas son para
mí, de una belleza bermeja y
desafiante, cargados de
significaciones, multiplicados
en anillos de piedra hundida en
el estanque, revolviendo los
musgos y los peces que se
enquistaron adentro, con el
primer relámpago.
Dejándome en los ojos la
impronta del ceibo y de su
sombra.
Prólogo del escritor Edgar
Bayley
Frente a la adversidad de
rostro mudable, y asistido por
la difícil esperanza y el propio
tránsito transmutado en poesía,
Walter Adet nos ofrece aquí sus
oficios, la antología de lo que
anduvo viviendo y escribiendo.
Nos descubre así el prodigioso
roce de dos panes en sus manos,
"la luz que al fondo del cristal
se triza " y "sueño remolinos/
de ceniza en la noche".
Ocurre que este" forastero en el
mundo , pájaro en pozos de
aire", este hombre de tierra y
cielo y viento y espejismos, nos
habla de lo que sabe, nos habla
con dolor, con soledad y pésame;
pero también , desde allí, nos
canta, "instalado en la vida...
en plena mudanza".
De ese modo, este poeta impar,
tan tierno y escondido, tan
verdadero y de tanta proyección,
llega a la imagen por caminos de
horas, de "entretejida red, de
arenas movedizas."
Estas paginas testimonian, pues,
un quehacer vital y poético de
extendida y rica trayectoria.
Aquí habla un poeta real que ha
sabido conjuntar sueño y
palabra, fuego pena y
transparencia. Su contenido
decir, de lúcida construcción,
no desmiente, por cierto, su
densa experiencia originaria.
Van de la mano, en la poesía de
Adet, lo mas distante y lo mas
próximo :el caracol y la nube,
la ventana y el lejano son, la
jaula de plumas y el alba, el
desamor y la comunión, la casa y
la intemperie, el río y la
orfandad, el mediodía y las
hojas plateadas, la claridad y
el monte. Y además está la
maravilla que va surgiendo, como
en secreto, de sus palabras, de
su modo decirlas y juntarlas;
una maravilla que desplaza las
sombras, aventando las cenizas y
saludando , por gracia de vida y
de verbo, el día que vendrá.
Edgar Bayley
(DE "LOS OFICIOS" -ANTOLOGÍA.
EDIT. ARTES GRAFICAS-SALTA)

ORDEN SOCIAL
Enseñan a escribir en las
escuelas y a leer
entrelineas en las cárceles,
persuaden a los gatos
regándolos, rociándolos
Contradecirlos
es hacer un nido
en un sombrero
del espantapájaros.
En la otra vida
allanarán la imprenta
donde publica hojas
inéditas el árbol.

LUNA DE PUEBLO:
A José
"Que resbale mi pie,
y no mi huella"
-nos dijimos los dos en este
pueblo
donde los padres nos han puesto
en el mundo desde
su abismo.
En este caserío donde rondan
aullándonos los hombres y los
ríos.
Donde es una emboscada
en el desierto, la vida.
Víbora en combustión de sangre
fría.
La que desmemoriados recordamos,
La vida.
Y el mármol una piedra con
raíces.
Y la salud que nos fumó el
tabaco.
Aquí bajo la llaga de la luna
madrejón del aullido en mi
canto.
Desde los tembladales del
alcohol, en el
hueco
donde la sed masca lana de
vidrio
y a tocar fondo
desde que subía
y ondulaba en la luna
el camino.
Aquí donde dejamos una huella,
la sombra del que riega un árbol
muerto.
Telarañas visillos de la luna,
perros de manicomio
en este pueblo!

SOBRE LA PIEDRA
Soledad de las casas
atrincheradas en sus cimientos
contra el avance de los caminos
invasores.
Soledad de los cuerpos
Sobre la piedra de la morgue,
el único salón de exposición
la única muestra
donde la forma está en el fondo.

A UN ÁLAMO EN OTOÑO
Único álamo de oro,
primogénito del otoño.
Entre la doble hilera de intacto
verdor,
es a ti a quién saludo.
Ellos tienen en sí rumor de
brizna,
temblor de vientre virgen
y brillan como una lágrima
bajo la luz fría del amanecer;
en cambio tú,
columna de humo yerto,
bajo la Cruz del Sur,
estremeces mi alma de tanto aire
fugaz.
Qué sabrías de mi,
y qué de ti mi corazón,
nervadura nostálgica;
ya los primeros pájaros
irrumpieron al verde,
y exhalas el más triste viento.

EL ESCUDO DE DIOS
Quise escribir unos poemas
porque sí, para nadie;
para distraer el amor de tanta
cerrada indiferencia.
Unas líneas con semblanzas
humanas, donde se dibuje
también el perfil del tiempo y
su neblinar.
Porque el tiempo a su vez nos
semblantea y pasamos
pronto, todos, a cortejantes de
ataúdes y a deudos
de ojos quebrajosos.
¿Cómo no contar que oí decir a
un trabajador frente
a mi casa" siempre caigo en la
hueca", quejoso
de su suerte?
¿O que escuché a otro reír al
afirmarme que "cuando
muere un funebrero va de cajón
al infierno"?
Rasgos de un pueblo que muchas
veces en su historia
peinó cabellos acalambrados por
el miedo. Arreciaban
los allanamientos, los
secuestros y la desaparición
de personas, cuando empezó a
rodar de boca en boca
esta canción:
Oyes a tu alma
preguntarte cuándo
cómo desarenar este desierto
y tiemblas a los ojos
del régimen y clamas:
mortificación de esquimales al
rescoldo
la de mi pueblo!
¡Cambiar su libertad
(la cuerda floja)
por una soga
al cuello!
La poesía anduvo entonces como
esos gatos que fingen acicalarse
distraídos para levantar de
pronto el vuelo sobre los techos
y los árboles.
"Pobres poetas. Poetas
ordeñadores de la Vía Láctea"
-se dijeron-. Y cundió la
denuncia entre crispantes
cortesías y saludos de sombrero
a mano alzada.
¿Y aquel amigo que con una
sonrisa me infundía todo su
desaliento? Usaron tantos
bastones para derrengarnos. Nos
dejaron tan contusos de la idea.
El poema tomó los hábitos de las
monjas enclaustradas y nos
abonábamos en las cajonerías
fúnebres. La ciudad trasminó a
jugo de zorrino.
Pero la poesía confió en el
hombre sin embargo. Y yo la
reconocí en una mendiga que
desde el cerro le mostró el puño
a la ciudad en plena noche y
amenazó:
Puercos, pecadores. Me voy
porque
no tengo
casa como ustedes. Pero ya
sabe lo
que son la Difunta Correa.
Ya le
avisé a la Virgen, que tiene
mi
carta.
Y la vi levantar la tapa de una
olla en la cocina y decir a
gritos:
¡Este
es el escudo de Dios!

NO ES ROCÍO DEL ALBA
el aire y nadie más
te sobrevive
Cuándo le saldrá la patita a la
abuela
-preguntaba-
y no es rocío lo que tiemblan en
estas
flores, sino lágrimas,
porque anduvo la vida de un pie,
sobre un zapato,
y le sobraba el otro
del par, en los cajones.
No es el rocío del alba sino en
la voz un ruego,
porque dije que pronto, pero la
abuela ha muerto,
y al irse le dejamos las muletas
por si no la esperara su otro
pie detrás del muro de cal
negra.
Cuándo habrá de salirle, y no es
el fuego,
es la ceniza que arde en la cal
viva
de esos muros donde no se oye el
roce
de la luz, en los ojos,
donde todas las bocas
se han puesto a juntar agua,
porque no echa raíces lo que
riega
la sangre.
No es el rocío del alba sino
lágrimas,
sal de la vida
que ha disuelto el agua.

LOS OFICIOS
Porque yo sé también que el
trabaja
no se da tiempo para hacer
dinero
y que cuando destape una
agujero
lo tendrá que tapar con su
mortaja
que le enseñaron a lustrar mi
caja
pero no a preguntarme por qué
muero
y que a veces por hombre y
jornalero
con dos tragos asienta una
migaja.
Que cuando me voy de una taberna
están su botamanga y su
entrepierna
mostrando una costura descosida
y que con un remiendo en la
mirada
dice que nunca juntaremos nada
porque todo lo echamos a la
vida.

GUILLERMO USANDIVARAS
"Para ser que demora
no tarda tanto"
--decías, Guillermo Usandivaras,
al cabo de unas horas más de
espera
frente a un pocillo de café,
con membranas de humo
entre los dedos.
De codos en el bar,
ante la noche sin luces de
relevo,
en la niebla de los grandes
espejos
donde se oye decir " Así es la
vida".
Horma de zapatero
la tristeza, Guillermo.
Y la muerte diciendo
Soy lo que amas,
lo que odias como siempre
más que nunca,
al pie del muro donde nos revoca
con la ceniza de las lluvias.
WALTER ADET

en
página nº 2
SARA
SAN MARTIN DE DAVALOS
Y
AUGUSTO
ROA BASTO
en
página nº 3
TERESA
LEONARDI HERRAN
  


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