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Sección a cargo de la Prof. Nora
Salazar y la Escritora Miriam
Fuentes
Coordinación: Prof. Marcelo
Romano

JACOBO REGEN
MANUEL J. CASTILLA
WALTER ADET

JACOBO REGEN
Jacobo Regen, Poeta en Salta
por MIRIAM FUENTES
.
Ah, lírico sostén
ah, desventura
ah, piel lago sencillo en su armadura
pero que sangra y sangra del revés.
Alberto Tasso

Salta tiene un ángel, "y me
debes creer", sensible hasta
los extremos, lúcido y filoso
que toma café, bajo sus lentes,
y aquí nomás frente a la plaza.
Su poesía refleja palabra y
acto, posee la síntesis
coherente, limpia y fiel de
quién ya lo visto todo, de
quien ya profundo e intenso
como un pozo ha vivido adentro
de la piel misma y breve del
verso.
Su voz rumbea transparente,
desde las primeras elegías al
último trazo, donde, lo detuvo
el dolor en silencio.
Ella puede desgarrarte o
fortalecerte porque es espejo
de su alma y quien aborda su
lectura queda para siempre
turbado con una granada abierta
entre los dedos.
Este hombre nacido en Campo
Quijano el 5 de enero de 1935,
escribe desde niño y representa
hoy la más alta literatura.
Este ángel rodeado de
recuerdos, inteligente y noble,
está entre nosotros., invadiendo
y rescatando la mirada porque
todos sabemos que no podemos
quitar los ojos de él.
Jacobo es un ángel " y me debes
creer"
Obras:
"Canción del ángel". Tucumán
1964-"Umbroso Mundo". Buenos
Aires 1971-"El vendedor de
tierra". Salta 1981
"Poemas Reunidos". Salta 1992-
"Antología Poética". Bs.As.
2002.

CANCIÓN DEL ÁNGEL
Serenamente digo: "soy un ángel"
Y me debes creer.
Ningún platillo de la balanza
sube,
o baja
bajo mi peso.
Incorpóreo,
ligero,
desnudo,
como la luz...
Y sin embargo, toda
mi trayectoria es una sombra,
mi corazón es una sombra,
una moneda oscura
destruida
por el tiempo, sin tiempo y sin
memoria.

CORRECTOR
Yo soy, uno mas, un corrector de
pruebas.
No dije nunca nada de mí mismo
porque desconocía los acentos
que caen en mis vértebras
profundas.

EL VENDEDOR DE TIERRA
Vuelve del horizonte
cargando tierra negra es sus
espaldas
cuando llega lo aplauden los
jardines
y se emociona el agua.
Yo le compro tierra, y algún día
me tendrá que vender toda la
carga.

DISTANCIA
No hay distancia más grande
que la que nos separa
del vecino,
del solitario prójimo
que generosamente
nos ayuda.
Su lema siempre fue: "lo mío
es mío
Y lo tuyo también".

TATUAJES
Yo creo en las palabras
que son carne y espíritu:
tatuajes repujados
a punta de cuchillo.

PRELUDIO
Empieza la función.
Lo muerto en su lugar. Lo vivo,
muerto.
Y todo este destierro
ya para siempre a mi
disposición.

MARGALIT
Me ganaste la apuesta,
Margalit.
Y junto a la nostalgia
siento la angustia de perderlo
todo
como si el muerto fuera yo.
Conmigo estás.
El alba
se derrumba ante mis ojos
y socava la tierra que nos une.
Bajo la misma sombra nos
veremos.
Y no habrá más apuestas,
Margalit.
25/VII/02 (inédito)

Manuel J. Castilla
Un gozante, un nombrador, un
nostálgico
Por:
Prof. Nora Salazar,
en
colaboración con la
Prof. Mirtha Elena Seco


El universo poético de Castilla
muestra claramente dos
vertientes: la celebración de la
naturaleza y el compromiso
social.
La naturaleza, en su poesía, se
manifiesta en plenitud y es
motivo de alabanza constante
mientras que lo social se
encierra en el silencio, en la
inexpresividad que sólo sale
afuera en el lenguaje de los
gestos, de las manos, de los
ojos o del canto.
Su decir es
sencillamente profundo. La
nominación de las cosas es parte
de su singular estilo:
Esta tierra es
hermosa.
Crece sobre mis ojos como una
abierta claridad asombrada.
La nombro
con las cosas que voy amando y
que me duelen:
montañas
pensativas, lunas que se alzan
sobre el chaco
como una boca de pan
recién prendido,
yuchanes de leyenda
en donde duermen indios y
ríos esplendentes,
gauchos envueltos en una
gruesa cáscara de silencio
y bejucos volcando su azulina
inocencia.
(De Bajo las lentas nubes
- 1963)
En esta tierra nace. En
Cerrillos el 14 de Agosto de
1918. Tierra a la que amó y
celebró desde el espacio libre
del gozante.
Me
dejo estar sobre la tierra
porque soy el gozante.
El que
bajo las nubes se queda
silencioso.
Pienso:
si alguno me tocara las manos
se iría enloquecido de eternidad
húmedo de astros lilas,
relucientes.
Estoy solo de espaldas
transformándome
En este mismo instante un saurio
me envejece y soy leña
y miro por los ojos de las
alas de las mariposas
un ocaso vinoso y
transparente.
En mis ojos cobijo todo el
ramaje vivo del quebracho.
De mí nacen los gérmenes de
todas las semilla y
los riego llorando con rocío.
Sé
que en este momento, dentro mío,
Nace
el viento como un enardecido río
de uñas y de agua.
Dentro del monte yazgo
preñado de quietudes furiosas.
A veces un lapacho me corona
con flores blancas
y me bebo esa leche como si
fuera el niño más viejo de la
tierra.
Miro los cachos del banano,
veo arañar sus dulces dedos
de oro
y en las sandías
los genitales verdes del
verano llenan mi corazón de
poblaciones.
Siento que estoy tapado por
luciérnagas
y que en mi pelo crece la
niñez del relámpago.
Lo que pisa mi piel igual que
arena lo traga para siempre.
La sombra de los pájaros es
como un agua negra que acaricia
mi nuca,
una hormiga me deja su ají
breve en la boca
y me voy a los tumbos en la
noche
por el agujereado camino de
los sapos.
¿Quién me arrima la paz de la
tortuga?
¿Quién desempoza el tiempo de
su cáscara?
Soy el que por la piedra
lechosa del quirquincho
bebe en miel las abejas
como el rocío maduro de la
música.
¿A dónde irán mis ojos llenos de
hojas?
¿ Por dónde en ellos vagará el
cielo yéndose?
Me mira Dios y sé que aquí,
yaciendo,
Lo estoy haciendo
despaciosamente
De cara al infinito
Siento que pone huevos sobre mi
pecho el tiempo.
Si se me antoja, digo, si
esperase un momento,
puedo dejar que encima de mis
ingles
amamante la luna sus
colmillos pequeños.
Miren mis ojos cuando estoy
pensando a ver si es que les
miento.
Zorros, la cola como
cortaderas,
gualacates rocosos,
corzuelas con sus ángeles
temblando a su costado,
garzas meditabundas,
yararás despielándose,
acatancas rodando la bosta de
su mundo,
todo eso está en mis ojos que
ven mi propia triste nada y mi
alegría.
Después, si ya estoy muerto,
Échenme arena y agua. Así
regreso.
(De Cantos del gozante-
1972)
La tierra está presente siempre. En el
manifiesto de La Carpa,
grupo literario del cual es
iniciador, ellos dicen de la
tierra: “Creemos que la
Poesía es flor de la tierra, en
ella se nutre y se presenta como
una armoniosa resonancia de las
vibraciones telúricas. Creemos
que el poeta es la expresión más
cabal del hombre, del hombre
hijo de la tierra, aunque se
yerga como el árbol en
aspiración de altura.
Conscientes de las solicitudes
del paisaje y de las urgencias
del drama humano no renunciamos
ni al Arte ni a la Vida...”
La tierra es el motivo central de su
poesía; de allí es que se
reconocen toponímicos que
denuncian sus pasos pensantes
por la dilatada geografía del
noroeste y de los pueblos
andinos americanos.
Porque en su
indiferente desolación de azufre
y de salitre carcomido
permanece estremeciéndose
sólo para los vientos
milenarios.
Desconsolado azul,
cielo baldío, irrecordable
cielo,
Camino hacia la abandonada
memoria de Dios
(Puna del libro La tierra de
uno – 1951)
De su
silencio
por su silencio crecen en
dulzura sus viñas
y el júbilo remoto de sus
vinos hechizos
afirma su exaltada canción y
memorable
como si entre los ojos de los
hombres
molieran los racimos
(Valles Calchaquíes del libro
Norte adentro – 1954)
Ay tierra que te entierras
sin saberlo, en el aire
Me gusta hablarte boca a boca
a solas
Irte diciendo todo lo que
callas
......................................................................
la puna era un resuello casi
invisible,
transparente y gris y
fatigado.
(De Bajo las lentas nubes
- 1963)
Pienso en el chaco, ahora.
En esa adormecida planicie
solitaria
En ella, los crepúsculos
Se van en una larga melancolía
dorada
..................................................................
En el chaco los cielos
Vuelcan pampas de nácar,
Derrumban sus harinas de
girasoles de oro
Y sueltan sus manadas de
corderos, levemente..
(De Bajo las lentas nubes
- 1963)
La naturaleza se manifiesta en
plenitud asociada al tiempo que
reiteradamente es personificado
Cuando la primavera está
llegando,
cuando el verde aparece en
los álamos tan tiernamente
que no se sabe si es hoja
o rana pequeñita que
comienza a cantar en los charcos
del aire
entonces, sin querer,
uno le ve la sombra clara a
su propio silencio
y algo que se parece a los
dedos de Dios
le enternece los ojos
Ese pequeño verde que brinca,
esa como mirada de niña que
florece,
esa lágrima dulce de la
tierra, derrumbándose,
ese parado goce de la savia
es el primer vagido de la
primavera.
Son unas hojas tiernas.
Eso es todo el suceso. Casi
nada.
(El verde vuelve- 1970)
Es la naturaleza asombrosamente
celebrada en la solemne y lírica
ponderación de los árboles, del
río, del cielo, de los
amaneceres, de los
crepúsculos...
Pasa que veo un tarco joven
alzando al viento
Un avestruz plumudo y hermoso
en el verano
Y miro un paraíso dorado
dándome sus ramos y semillas
Y que de esas semillas que
las siembro a voleo
Vuelve creciendo profunda la
belleza solitaria.
Siento venir campanas en
yuchanes repicando apenitas
Junto al estrellerío de pie,
inacabable de las altamisas
Y voy entre los yuyos y las
enredaderas cariñosas
Con una voz que callo pero
les cuenta a todos
Que crezco en el verano
sorbiendo zumo tierno
Como si yo mismo me bebiera
temblando.
(Leche verde del libro Triste
de la lluvia – 1977)
Oh, pura levedad de los
chañares!
Oh, doliente algarrobo,
Sobre tu pensamiento los
hermanos
Siguen muriendo para hacerse
pájaros.
..............................................................
Vengo desde el laurel que
huele como el hombre,
desde el fondo del cedro
donde dormita el rosa su
amanecer de greda
y de los guayacanes donde
comienza el ébano.
Vengo de allí, desde sus
hojas vivas,
desde el incendio en paz de
los lapachos
cuando los tarcos pierden un
tierno olvido lila.
(Los
árboles del libro La tierra
de uno – 1951)
La segunda vertiente que corresponde a la
poesía social se da en forma
impersonal. Esta impersonalidad
desdibuja la singularidad del
sujeto, muestra un sujeto
múltiple que emerge del grupo
social de pertenencia. Así
surgen personajes anónimos pero
que representan a un colectivo
como: La Preñadita, El Ahogado,
Cantor de bagualas – El
cantor de bagualas/ es un ala
borracha y melancólica -,
Cuatreros, Matacos, Cantoras de
Tarija – En los labios de
esas mujeres/ América era un
ángel distraído,/ un campesino
enamorado/ una tierra botando
borbotones de pájaros -, El
Mendigo, Hachero, Mineros –
Ellos con su tanteo/ de roca en
roca, ciegos,/ ellos limando
aristas desoladas,/ ellos
dolientes, purificados en su
luz/ como en un sacrificio
silencioso -, El Capataz,
Carrero – Lento señor del
obraje, / gritador y
polvoriento,/ como una sombra se
duerme/ sobre tu espalda el
pañuelo – La Palliri, Hombre
entre las cumbres de Lizoite –
Nadie pregunte nada,/ nadie
cave en este hombre/ ni entre
los pajonales dorados donde
habita/...Que nadie diga nada/
porque él está empollando entre
las cumbres/ el arenoso huevo
del silencio -
En su obra están también presente los
afectos en las dedicatorias y en
las poesías mismas. La
dedicatoria del libro De solo
estar- 1957, es para
Ricardo, el hermano menor a
quien llamaban “Pícaro Sueño”
fallecido a corta edad. La
dedicatoria dice así “A Pícaro
Sueño que está mintiendo en el
cielo”. También existe un
especial espacio para los
amigos: el pintor Luis Preti, el
poeta jujeño Raúl Galán con
quien fundó La Carpa, Gertrudis
Chaley pintura europea con la
que tenía un singular afecto.
Fue Don Manuel quien presentó en
Buenos Aires una de sus primeras
exposiciones en 1944
Y tú Luis Preti píntale el
milagro.
Saca el barco más blanco de
tu pecho
Asiéntalo en el mar azul del
chaco
Y vámonos de viaje hacia la
luna
Donde mueren bailando los
matacos
(Paisaje
de Tartagal del libro Andenes
al ocaso- 1967)
Sin embargo, Raúl, yo me miro
las manos.
Ellas esperan solas el peso
de las tuyas.
Porque te has muerto joven mi
corazón se empaña
Y se queda pensando como una
laguna.
(Requiem por Raúl Galán del
libro Bajo las lentas nubes
- 1963)
A veces, cuando me quedo
solo,
cuando el alto día del otoño
desciende hasta mi corazón
pienso que estás a nuestro
lado como un ángel de greda
silencioso.
(Gertrudis Chaley del libro
Norte Adentro- 1954)
Finalmente sería
injusto al hablar de Castilla
omitir el aporte lírico
exquisitamente logrado, al
cancionero popular. La célebre
Zamba de Balderrama, El Fiero
Arias y La Pomeña junto al
músico Gustavo Leguizamón, La
Volvedora junto a Eduardo Falú y
otras composiciones como Navidad
de Juanito Laguna, Carrero,
Pastor de Nubes son algunas
escritas para ser cantadas;
posteriormente, otros
compositores le pusieron música
a sus poemas como es el caso de
El tren.
Completan la totalidad
de sus obras – aparte de las
mencionadas precedentemente:
Agua de lluvia en 1941,
Luna muerta en 1943, La
niebla y el árbol en
1946, Copajira 1949,
El cielo lejos 1959 y
Posesión entre p |