|

Niño de Acosta Ñu
Niño descalzo que cruzas
Los llanos de Acosta Ñu;
con la mirada perdida,
“Opavo guerra guasú”(al
terminar la guerra grande)
No te dejaron ser niño,
pronto te hicieron crecer...
Con el machete en la mano,
Empezó tu padecer.
Te levantaron al alba,
Con salpicón de agua fría,
Y con la azada en el hombro,
Te dirigiste al “kokue”. (chacra)
Pies descalzo, pelo al viento
y con el vientre desnudo
ibas chutando ilusiones,
y con esperanzas al nudo.
Con golpes sobre la tierra,
Hiciste los surcos a mano.
Allí sembraste ilusiones;
Allí cosechaste engaños.
Cuando sonó la trompeta,
Empuñaste tu machete,
no para limpiar la chacra,
Sino para defenderte.
Niño descalzo que cruzas
Los llanos de Acosta Ñu
Quizás perdiste tus sueños
.
En aquel “Ñorairô guasu” (pelea
grande)
Con bayoneta calada
“o´huâ’i umi kamba”(venían los morochos)
y tus ojos asustados
contemplaron el “añâretâ”. (Infierno)
Tus padres y tus hermanos
Sus vidas entregaron ya
Y tu, mi pobre hermanito ,
Piedra en mano, vas para allá.
No te amedrenta el cañón,
Ni el fragor de la metralla
Sólo quisieras apartar,
el horror de la batalla.
Niño descalzo que cruzas,
Los llanos de Acosta Ñu
tu inocencia y tus sueños,
Murieron en tu “kurusu” (cruz)
Ana Selva D. de Morínigo

Si yo volviera a nacer.
Ana Selva D. de Morínigo
Si yo volviera a nacer, pediría una enmienda:
que me llamen libertad, y yo no estire la rienda;
Si yo volviera a nacer, pediría una gracia:
un corazón de papel y una poca de gracia;
Si yo volviera a nacer, pediría una razón:
Por la que pueda decir: ¡te entrego mi corazón!
Si yo volviera a nacer, pediría un refuerzo:
temple ante el vendaval, para convertirlo en verso.
Si yo volviera a nacer, pediría una merced:
Que no quiera yo saciar al mundo toda su sed.
Si yo volviera a nacer, yo pediría cambiar:
Ser Capitán de mi barco, que bogara el ancho mar...!
¡Si yo volviera a nacer!... mas como no puede ser...
me quedaré como soy, repitiendo en mi impotencia:
¡Si yo volviera a nacer!...
Ana Selva D. de Morínigo

¡Gracias, papá !
Porque de pequeña, me acunaste en brazos
y vi en tus pupilas, tu orgullo de hombre;
Bajito murmuro: ¡gracias papá!
Porque con mis “nanas”, tu te entristecías
Y te preocupabas hasta en tu trabajo,
Bajito murmuro: ¡gracias papá!
Si algún contratiempo atrasó el momento
De abrazarme tierno, los días de fiesta
Cerrabas el puño ciego de impotencia,
Más luego, tan pronto cuando me veías,
Tus labios se abrían en feliz sonrisa,
Por eso murmuro: ¡gracias, papá!
Ana Selva D. de Morínigo

|